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Tuesday, October 14, 2008

Recién, mientras esperaba el bondi para volver de la pixa, se me ocurrieron estas dos escenas.

La primera, inspirada en un sueño de Tilsa:

dos chicos y una chica vuelven de una fiesta; el que viaja atrás viene re en pedo y medio a los gritos y sacado; esa noche le tiene ganas a la chica que maneja, tal vez siempre le tuvo ganas; sospecha en su borrachera que el otro amigo se la quiere sacar; los tres se conocen desde pendejos; el que va atrás quiere discutir por la música que pone el que va adelante pero no lo escuchan; para volver a sus casas tienen que pasar por un viaducto; el túnel está oscuras, a veces los pibes de la zona encuentran el cableado y lo cortan, ellos mismos lo habían hecho alguna vez; en el medio de la oscuridad se ven las luces rojas de un auto parado, las puertas abiertas y dos cuerpos tendidos en el piso; la chica quita los pies de los pedales pero se aferra al volante, la vista al frente sin mirar nada; avanzan despacio; el chico que viaja adelante grita que frene, que están vivos; el que viaja atrás intenta gritar que no pare pero las palabras caen en saliva de su boca; no logra ningún sonido.


La segunda:

un grupo de chicos de escuela pasan un día juntos en un campo; el pibe al que tienen de punto ya sufrió alguna maldad aquella mañana y está apartado de los demás; cuando todos se van a jugar a la pelota, él se acerca a la orilla del río; sabe que está ignorando una de las reglas que había dicho la señorita pero no le importa; en la orilla encuentra un sapo; primero le da miedo, después un poco de asco pero al final decide que tiene que atraparlo; el sapo es gordo y torpe, así que consigue arrastrarlo con una rama y los pies, no se anima a tocarlo con las manos; de a poco los otros chicos se acercan; empiezan a patear al sapo que está rodeado; el sapo deja de defenderse; entonces, el chico le pega con todas sus fuerzas con la rama; los demás lo miran; para que deje de sufrir, dice; es verdad, es verdad, estaba sufriendo, dicen los demás y lo patean con más fuerza y el chico no deja de pegarle con la rama aunque todos saben que el sapo todavía está vivo.

Thursday, June 14, 2007

Pequeña escena de cuento que intento terminar pa mañana. Otra noche de no dormir.

Hola, dije desde la cocina, media cebolla atrapada debajo de mi mano izquierda. Pero ella siguió camino, tal vez hasta el cuarto. Cuando se acercó para saludarme, ya tenía un cigarrillo encendido en la mano. Un beso, apenas, de sus labios cerrados. ¿Todo bien?, dije. Tenía que afilar el cuchillo, hacía semanas que pensaba lo mismo. Sí, bien. ¿Te ayudo? Apoyada en el marco de la puerta soplaba el humo hacia el comedor. No, dejá, después te toca lavar, dije y sonreí aunque ella ni siquiera me miraba. Igual, dijo, siempre lavo yo. Sabía que Andrea buscaba pelea, así que elegí otra cebolla para picar y el sonido de un tren habló por mí. Por dios, dijo mientras se acercaba con pasos violentos hasta la ventana, estoy en casa y quiero tranquilidad. El sonido del golpe me hizo levantar las cejas. Cuando venía en el tren, empezó a contar sin que pudiera verla, había una nena sentada frente a mí. Era de esas nenas rubias que parecen de publicidad, con sus trenzas y vestidito celeste. Tenía una muñeca de unos ojos horribles. Te lo juro, horribles, parecían los ojos del diablo. La nena me miró un minuto, nada más, pero me puso incómoda, dijo y fue a buscar algo. Me sequé las lágrimas y dejé caer la cebolla picada en la sartén. Después, dijo y con el cenicero en la mano dio una pitada al cigarrillo, se dedicó a no mirarme. Te juro que la pendeja no me miraba a propósito. Yo tampoco la miraba. Apoyé mi cabeza contra la ventanilla, pero viste cómo te pega todo el tiempo. Tren de mierda. Después me di cuenta de que la muñeca sí me miraba, me miraba fijo. Claro, ya sé que la muñeca no me miraba pero la pendeja, pendeja de mierda, hacía que hablaba con la mamá mientras sostenía la cabeza de la muñeca hacia mí. Andrea apagó la colilla en el cenicero. Agregué el resto de las verduras a la sartén y busqué los condimentos. Como en el libro que me leíste el otro día, siguió después de ir a buscar el atado de cigarrillos. No sé qué puden ver de hermoso en una muñeca que te mira. Vos también dijiste hermoso, me acusó. Es horrible. Sal, pimienta, comino, orégano y ají molido.