Me desperté sin querer levantarme de la cama. Debajo de la sábana trataba de calcular qué hora sería. En la ventana sólo se veía un cielo blanco que prometía iba ser otro día de otoño en Buenos Aires. Algo me molestaba, como si hubiera una piedra angulosa debajo del colchón. Traté de moverme pero esa incomodidad me seguía. En pocos segundos la pereza se añejó hasta convertirse en furia matutina. Tiré de la sábana y me levanté de un salto (mi cama está en el piso). Salí del cuarto, vi una cordillera de cosas para lavar que habían quedado de la noche anterior y me metí en el baño. Mientras me lavaba los dientes, me miraba en el espejo. Qué mirás. Todavía con el cepillo en la boca grité un grito seco, que me raspó la garganta. Cepillé con fuerza hasta lastimarme las encías. Otro grito que parecía lijar paredes de piel. Me miré, me sonreí y empujé el cepillo hacia la garganta. Despacio, sentí cómo avanzaba apoyado sobre la lengua. El aire que esquivaba esos pelos de plástico, antes de bajar a mis pulmones, emitía un silbido agudo. Mi garganta se cerró de pronto, quité el cepillo y vomité marrones, violetas, verdes y blancos.
Sí, otro lunes punky. Extraño, pero esta mañana una bandita yanqui pedorra es quien mejor expresa lo nublado de mi día. Dejé una versión acústica de Unwell de Matchbox 20 en marxisismo. Acá tienen el video, que la verdá suena bastante mal, recomiendo se bajen el archivo del gmail.
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Monday, April 16, 2007
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