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Thursday, October 23, 2008

Recién subí al 105 y había un amontonamiento de gente, cuando logré atravesar ese tumulto me di cuenta de que en realidad el bondi no iba lleno. Atrás había tres flacos con camiseta de fútbol (supuse de Argentinos aunque sólo se le veían los cuellos) que le gritaban a alguno que iba adelante: -Eh, refugiado, hay que tener huevos para ponerse la camiseta, dejá de esconderte, puto- y así. Pensé: - Eh, puto de mierda, si necesitás dos más para bardear, muchos huevos no tenés. Me da mucha bronca cuando se hacen los vivos porque son muchos. Los otros dos discutían con una mujer mayor. No entendí bien, pero no la bardeaban a ella. Uno le decía al otro: - Dejala a la señora, ya es mayor y los mayores ya tienen la cabeza así, no se los puede hacer pensar. La mujer decía: - A ustedes habría que bajarlos a garrotazos. Yo no entendía qué pasaba, tal vez a ella también le daban bronca los patoteros cagones de mierda. Y sentí una afinidad con la mujer. Pero enseguida largó: - Sí, a este país le hace falta palo, tienen que volver esos tiempos para que vuelva el respeto. Y en ese momento me hubiese unido alegremente con los de Argentinos para cagar a trompadas a la vieja de mierda, facha repulsiva. En el siguiente semáforo, el colectivero frenó junto a una patrulla. Ahí bajaron varios, algunos ni siqueira estaban involucrados en la cuestión. Los canas pararon a los cuatro con camiseta y dejaron ir al que no tenía la de Argentinos (no pude ver de qué cuadro era), que volvió a subir al bondi. Lo que me da más bronca es que la vieja de mierda se debe haber quedado con la sensación de triunfo, de que gracias a su aporte se hizo justicia y que menos mal que estaba la policía y que cómo salvé al bondi y que mejor estábamos con los milicos y que bla bla bla.
Ah, vieja, ¿por qué no le hacés un favor al mundo y te morís? Por favor, en un lugar donde no ensucies demasiado.

Wednesday, October 22, 2008

Estaba en París (sí, Francia; sí, Menemlareconchadetumadre), cerca del Arco del Triunfo. No me acuerdo qué hacía pero estaba esperando algo, tal vez en las oficinas de una línea aérea, cuando una mujer (creo que era china) me preguntó si podía ayudarla. Claro, dije en inglés. Me llevó a la calle y me preguntó si podía comprarle una cartera, que no sabía por qué no le quisieron vender. ¿Qué habré pensado en ese momento? Estos franchutes racistas de mierda o algo así. ¿Y no me daba cuenta de que yo también me veía medio chino? En fin. Claro que puedo ayudarla. Caminamos una cuadra hasta el negocio. La mujer me dio un catálogo de carteras Louis Vuitton y un fajote de billetes (en ese tiempo todavía Francos). No era una sino como diez carteras las que quería comprar. Entré al negocio super cheto, una mina hermosa me guió hasta una sala con un sillón, me preguntaron si quería un café (dije que no) y después se acercó un tipo en traje. Me atendió con toda la amabilidad. Le señalé con el catálogo todas las carteras que quería comprar. Me dijo que lo esperara un segundo, se fue y llegó otra mina hermosa que me también me preguntó si podía servirme algo (esta vez dije que sí, un café). El tipo de traje volvió con otro tipo de traje para decirme que lo lamentaban pero que no podían venderme las carteras. OK, dije y salí del negocio antes de que trajeran mi café. En la calle miré para todos lados pero no veía a la mujer china. Tenía toda esa plata, ni quiero calcular cuánto era, y la mujer no aparecía. Al final apareció, casi que me quitó la plata de la mano y se fue sin decir nada.




Sí, todavía con insomnio.

Monday, July 28, 2008

Cuando tenía 16 años, mi vieja y Menem me regalaron un viaje a Europa. Fui en vacaciones de verano así que allá hacía un frío de cagarse, en especial ese año. Un día llgué a Bruselas y de la estación de tren fui a buscar alojamiento. Caminé un par de horas con la mochila a cuestas, los pies, las manos y las orejas helados. En un momento pasé por una plaza que tenía un laguito en el medio. Mitad del lago estaba congelado y era la primera vez que veía algo así en persona. Hasta ese momento las películas con gente que patinaba sobre aguas congeladas era parte de la mitología de Joliud. Pero ahí había un lago sólido, claro que ni loco probaba qué tan duro era. Caminé junto a la orilla, donde pegaba ese sol de invierno. Al final del recorrido vi un pato que aleteaba furioso pero no despegaba nunca. Volvía a aletear, algunas plumas se desprendían, pero se quedaba en el lugar. Al parecer, el lago se había congelado cuando él todavía estaba lacreando en el agua. Ahora estaba atrapado ahí y cagándose de frío. Me fui rápido. Mientras caminaba pensaba si podría haberlo ayudado pero apuré el paso y me concentré en las calles y el mapa de McDonalds que me habían dado. Al final encontré un hostal, dejé mi mochila, me duché con agua caliente y volví a salir. Estuve dando vueltas por esa ciudad tan de mentira, como para muñecas victorianas, hasta que de casuadlidad llegué a la misma plaza. El pato parecía dormido y mucho más feliz que cuando estaba vivo. Me quedé unos minutos, hasta que el sol ya ni siquiera iluminaba los techos de los edificios.

Monday, July 07, 2008

Tengo que irme. Viajar. Hace mucho que vengo diciendo lo mismo, ¿no? Es que viajar me alimenta. Me doy cuenta de eso. Recién releí las cosas que escribí en japón, incluidos algunos textos que subí acá, vi las fotos que saqué en el viaje y me gusta ese yo.

Sí, es tiempo de salir, de irme de mí mismo.