Después nos fuimos a la pizzería, claro. Tomamos infinidad de cervezas, miramos los simpsons y hablamos boludeces hasta estar los suficientemente borrachos como para abrir la grappa. Como para que yo aceptara abrir la grappa italiana que mi amigo leo me había regalado especialmente para mi cumpleaños. Sí, tanto así habíamos tomado. En fin, servimos un vaso que fue rotando y calentando los corazones en una noche fresca de otoño. Los datos de fiestas eran escasos y algunos morían antes de saber la dirección precisa. Además, como nos sucede siempre, era muy difícil despegar el culo de ese lugar, tan cómodo y con heladeras tan llenas. Tal vez, haber abierto la grappa fue una buena idea, porque cuando se terminó todos entendimos que era hora de partir. Como un buen equipo, nos separamos para así cubrir todas las puntas. Algunos a una fiesta de gente del Iuna, otros a la Fiesta Clandestina, dos a una fiesta en palermo cheto y, claro, los infalibles al boliche brasilero. En mi defensa voy a decir que fui a la fiesta del Iuna.
No hay mucho para decir de la fiesta. El lugar estaba bueno, la música no, algunas chicas lindas, demasiados tipos y la gente quería ponerle onda pero, aunque ayudé con mi baile, nunca llegó a despegar. Lo bueno de algo tan mediocre es que decidí entonces robarle algunas fotos a la situación. Y salieron buenas.