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Wednesday, March 25, 2009
El otro día fui a buscar el Gaijin que compré por interné. Me pasaron la dirección de una casa de fotografía en el microcentro. Toqué timbre, miré las cámaras, los lentes, los trípodes mientras esperaba que me abrieran. Entré. Disculpe, vengo a buscar un libro que compré por internet. Llamaron a alguien, una chica que apareció detrás de una mampara. Ah, sí, venís por el libro. Se estiró y agarró un Gaijin blanco reluciente. Te debe gustar mucho el autor. ¿Cómo? Que debés ser fan del autor para poner su nombre en tu meil. Yo soy el autor. ¿Si?, la chica abió la solapa del libro, miró la foto, me miró, volvió a mirar la foto y volvió a mirarme. ¿Y para qué comprás tu propio libro? Porque en la editorial no tienen más. De pronto, sostuvo el libro con las dos manos y lo atrajo hacia su cuerpo. Me gustó, eh. Qué bien, gracias. No, en serio, me gustó. Lo vendo porque no tengo lugar en la biblioteca y la plata me sirve para comprar otro libro que no haya leído. Claro, sí, entiendo. Ahora abrazaba el libro como si fuera el peluche que la acompañó toda su vida. No sé, me da vergüenza venderlo, vendértelo a vos. No, está bien, yo lo necesito, está bien que lo vendas. No, no sé, me da mucha vergüenza. Pero en serio lo necesito. Ya ni me miraba. Buscó una bolsa donde guardó el libro y me la pasó. Le entregué un billete de cincuenta. Mientras buscaba el vuelto me preguntó si estaba escribiendo otra cosa.
Wednesday, March 18, 2009
Thursday, February 05, 2009
Vine al bar de la esquina de honduras y salguero, Gerónimo se llama. La luz del atardecer se cruza en varios puntos, es que enfrente hay unas ventanas de vidrios espejados. Sobre la mesa, el vaso de agua proyecta un racimo de luz líquida. A veces está bueno no tener la cámara.
Acá, en la mesa que tengo en frente, escribí las últimas líneas de Gaijin. Las escribí a mano sobre las hojas impresas. Ya sabía el final, lo conocía desde hacía tiempo. Así que escribí medio poseso, como si me dictaran. Puse punto final y levanté la mirada. Todo estaba demasiado lejos y demasiado cerca. Estaba solo pero con toda la piel pegada a algo más. Me acuerdo que me dieron ganas de llorar.
Acá, en la mesa que tengo en frente, escribí las últimas líneas de Gaijin. Las escribí a mano sobre las hojas impresas. Ya sabía el final, lo conocía desde hacía tiempo. Así que escribí medio poseso, como si me dictaran. Puse punto final y levanté la mirada. Todo estaba demasiado lejos y demasiado cerca. Estaba solo pero con toda la piel pegada a algo más. Me acuerdo que me dieron ganas de llorar.
Wednesday, February 14, 2007
Una vez Majo me mostró una agenda que usaba hacía varios años. Entre sus hojas tenía un meil mío. Era un meil que le escribí hace unos (pah, salado) ocho años, donde le cuento que estaba escribiendo un cuento acerca de mi viejo. Sentí cómo yo dejaba mi cuerpo desinflado para volver a vivir el momento en que había escrito ese meil. Tuve que inventarlo, porque no lo recordaba. Pero igual fue flashero y me llegó al alma. Con el tiempo ese cuento se convirtió en una novela: Gaijin.
Gracias, Majo.
Gracias, Majo.
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