Friday, May 08, 2009

De chico, cuando iba camino a la escuela, me gustaba pararme en mitad de la calle Campichuelo, una calle finita por donde pasan tres líneas de bondi. En un punto, hay un puente que cruza sobre las vías. Ahí me paraba yo. Al principio mi hermana se asustaba mucho, me gritaba y tironeaba del brazo, pero al final se fue acostumbrando hasta que un día me dejó ahí y siguió hacia la escuela. No es que yo fuera suicida, todo lo contrario, me creía bastante inmortal. Pero había algo que me gustaba. No sé bien qué. La sensación de vértigo, la certeza de que todo es ilusión o sólo el espectáculo de ver aquellas moles irrefrenables acercándose, haciéndose cada vez más grandes hasta que se veían obligados a esquivarme. Ahora que pienso, supongo que tenía que ver con el poder. Sentir el poder de hacer que aquel caudal de acero y máquina se abriera a mi paso. A lo moisés moderno. Sí, creo que era eso. A veces iba de un lado al otro de la calle para que los conductores no supieran qué hacer y recién me corría en el último segundo; hubo otras en las que me quedé paradito en medio de los dos carriles y sentí los autos pasar a mis lados. Una vez, hice eso mismo y fueron dos colectivos que pasaron al mismo tiempo. No sé si tienen ubicada la esquina que digo, pero apenas si entran dos colectivos. Habrá sido mi imaginación, pero sentí cómo el metal acariciaba mis hombros mientras trataba de ahuyentar los gritos y bocinazos. Tengo una relación cordial con la muerte, no llega a ser amigable pero sabemos entendernos. Como esos compañeros de clase con los que uno sabe que puede hablar aunque nunca entablaría una relación. Las veces que estuve a punto de morirme, no tuve miedo, no se amontonaron recuerdos, no pensé en nadie, no nada. Claro que no volví a hacer algo así, es que me da vergüenza que me anden tocando bocina o gritando. También porque, con los años, a uno lo convencen de que puede morirse y que morirse no tiene onda.

2 comments:

radiognome said...

y no, morir es obligatorio, cómo va a tener onda?
en cambio, vivir sin miedo a morirse tiene mucha onda, siempre y cuando no te mueras.. mmm, matita, GROARRR!

mitaddelvaso said...

campichuelo y venancio flores, vivía a una cuadra de ahí.
y sí, morirse no tiene nada de onda.