Thursday, April 01, 2010

Día 7

“Hace un par de horas llegamos de una travesía agotadora. Pero mejor cuento de antes. Anoche me vine a hospedar a Otro Mundo. Hostal que maneja Miguel en la casa de los viejos. Miguel es un chabón copado, descendiente de los pueblos originarios. Acá, en Otro Mundo, conocí otra gente, todos buena onda. Hay una chica particularmente simpática. L, se llama. Lo único malo es que quiere ser graciosa todo el tiempo y llega un punto en que fuerza la cosa y me hincha un poco las pelotas. Bueh, tal vez soy yo el jodido. No, en realidad va por otro lado. Es como si la chabona necesitara demostrar todo el tiempo que es inteligente. Ahora que pienso, creo que a mí me pasa algo parecido. Bueh, no sé. Tengo un mambo. Alguna cosa rara con lo que yo creo que es la inteligencia. Encima es una inteligencia re pelotuda. En fin. Decía, anoche compartimos guiso, cerveza, charla y otras hierbas. Nos acostamos temprano para levantarnos temprano hoy."

"Miguel nos subió a un bondi. Viajamos cuarenta minutos y nos bajó en una curva de la ruta, en medio de la nada. Bajamos de la ruta al valle, pasamos bajo las vías del tren y empezamos a caminar por el lecho de piedra de un río. Caminamos, caminamos y caminamos. El paisaje era del estilo 360 grados. Montañas escarpadas por todas partes. Después de una hora larga llegamos a un punto donde los dos cordones se cerraban sobre el lecho del río y quedaba como una entrada por donde pasaban sólo dos personas al mismo tiempo. Seguimos a Miguel que subió por unas piedras y de a uno se iban escuchando los gritos de asombro. Me apuré para ver. Guau. Mierda. Un jardín del edén entre medio de las piedras. Posta. Un jardín perfecto. El pasto suavecito cortado a la altura justa, estanques llenos de agua y un solo árbol con la corteza que parecía de libro antiquísimo. Preparamos lo que habíamos traído de Humahuaca: pan, queso y jamón: Sánguches de jamón y queso en el Edén. Qué buen título. Terminamos de comer y descansamos unos minutos.”

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“Después de caminar-escalar un rato más llegamos a una ventana en la cima de un cerro. Daban ganas de quedarse ahí pero nadie llevó mate”

“Miguel nos llevó a un alero, algo así como una cueva amplia, donde había pinturas rupestres. Era el lugar con la mejor vista del mundo. Un punto desde donde podían verse las montañas como si fueran el patio de tu casa. Se sentía como si no se necesitara ninguna otra cosa en el mundo más que sentarse en una piedra y mirar el paisaje.”

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“Llegamos a otro alero, algo más cerca de la ruta. La cueva que la mayoría de la gente visita. Y daba ganas de matar a todos. En la misma piedra, el arte de un pueblo antiquísimo y toda la estupidez que la evolución nos supo dar. Sobre las pinturas rupestres, pintadas de imbéciles. Mucha bronca.”

“Hicimos el camino de vuelta agotados de tanto caminar sobre piedras. Llegamos a la ruta quince minutos antes del horario que nos dijeron iba a pasar el bondi de vuelta pero nunca pasó. El viento se hacía cada vez más frío y había una chica apunada que parecía medio muerta. Así que empezamos a hacer dedo a todo lo que pasaba. Hasta que paró un camión. Uno de los grandes. Suban chicos. Subimos a la caja y recién ahí nos dimos cuenta de que era un camión de alquitrán. Estaba vacío pero aún así las paredes y el piso estaban cubiertos de una capa gruesa de alquitrán pegajoso. Fueron 40 minutos de cagarnos de frío pero con un atardecer que caía sobre las montañas. O sea, para mí y para mis cámaras, un viaje maravilloso. No paré de sacar fotos, hasta terminar la batería de la digital. (Así que de ahora en más, sólo analógica) Estuve a punto de caerme a la ruta un par de veces pero valió la pena, fue uno de los mejores viajes que hice en mi vida.”

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“Cosa extraña, estamos cenando y nos acabamos de dar cuenta de que somos 6 zurdos y dos diestros. ¿Qué probabilidad hay de que pase esto?”

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