Monday, July 28, 2008

Cuando tenía 16 años, mi vieja y Menem me regalaron un viaje a Europa. Fui en vacaciones de verano así que allá hacía un frío de cagarse, en especial ese año. Un día llgué a Bruselas y de la estación de tren fui a buscar alojamiento. Caminé un par de horas con la mochila a cuestas, los pies, las manos y las orejas helados. En un momento pasé por una plaza que tenía un laguito en el medio. Mitad del lago estaba congelado y era la primera vez que veía algo así en persona. Hasta ese momento las películas con gente que patinaba sobre aguas congeladas era parte de la mitología de Joliud. Pero ahí había un lago sólido, claro que ni loco probaba qué tan duro era. Caminé junto a la orilla, donde pegaba ese sol de invierno. Al final del recorrido vi un pato que aleteaba furioso pero no despegaba nunca. Volvía a aletear, algunas plumas se desprendían, pero se quedaba en el lugar. Al parecer, el lago se había congelado cuando él todavía estaba lacreando en el agua. Ahora estaba atrapado ahí y cagándose de frío. Me fui rápido. Mientras caminaba pensaba si podría haberlo ayudado pero apuré el paso y me concentré en las calles y el mapa de McDonalds que me habían dado. Al final encontré un hostal, dejé mi mochila, me duché con agua caliente y volví a salir. Estuve dando vueltas por esa ciudad tan de mentira, como para muñecas victorianas, hasta que de casuadlidad llegué a la misma plaza. El pato parecía dormido y mucho más feliz que cuando estaba vivo. Me quedé unos minutos, hasta que el sol ya ni siquiera iluminaba los techos de los edificios.

4 comments:

Vivian said...

que cruel!

(igual me quedaron un millon de imagenes dandome vueltas)

Mata said...

v g h: ¿si? puede ser.

Anonymous said...

No, me parecio una imagen ferpecta

Anonymous said...

ya publique hombre.