Wednesday, June 03, 2009

Caminó por el invierno de aquella mañana sin poder recordar, miraba el reflejo de las vidrieras sin poder recordar, el color de sus ojos. Tal vez nunca lo supo. Y ahora pensaba que saber implicaba intemporalidad, que si algo se le olvidaba quería decir que nunca lo había sabido del todo. Pero no, no podía ser así porque el olvido era una forma de saber. Olvidar si eran grises o verdes era pulir el recuerdo para que el corazón ámbar, nunca podría olvidar los soles ámbar, se le metiera bien adentro del frío. Un bocinazo detuvo sus pasos; no le dijo que había soñado que sus ojos eran flores.

1 comment:

Valeria Kaplan said...

Me gusta mucho este ambiguo caminante, con su certeza sobre el no recuerdo. Me lo puedo imaginar.