Tuesday, July 07, 2009


Ayer fui a ver El Artista de Gastón Duprat y Mariano Cohn, con la actuación de Sergio Pángaro y Alberto Laiseca. Me gustó mucho. Trata de un enfermero que gracias a los dibujos que le roba a un enfermo mental se convierte en el artista del momento. La fotografía está bastante bien, aunque a veces parece un poco dura, no sólo porque las cámaras son siempre fijas, como fotografías, también porque los planos son siempre cerrados. Las actuaciones están bien y a Laiseca el papel de enfermo mental le queda como traje a medida. Me encantó verlo actuar. También me gustó la forma en que trabajan el sarcasmo. Es que a pesar de que uno se ríe, no deja de sentir la soledad de los personajes.
Quiero pasar a hablar de los planos y de la historia pero para eso tengo que adelantar cosas del final, así que los que no la vieron dejen de leer ahora.




Me gusta la historia porque supieron resolver el final. Es una historia bastante simple que ya se ha contado varias veces pero lo bueno de esta versión es que el tipo, a pesar de ganar montón de plata, levantarse a una mina (supuestamente) linda y hacerse famoso, nunca logra salir de su soledad. En un momento trata de redimirse, de contarle a la mujer, que en realidad no quiere, que él no es quien hace los dibujos pero no le dan bola. Ante del final, cuando se muere el viejo, yo había pensado que el tipo se iba a quedar tan solo que la locura iba a pasarle a él y me imaginé una última escena con Jorge en el psiquiátrico. Demasiado circular mi suposición. Cuando terminó me di cuenta que ese final con el tipo viajando solo a italia, casi escapándose, y quedándose solo en una ciudad que no conoce, en un idioma que no habla, era mejor. Porque el protagonista se había condenado sin haber sacado un provecho real de todo el asunto. La soledad seguía con él.
Acerca de los planos, me gustan los primerísimos planos sobre el viejo, favorece mucho a la actuación de Laiseca, pero después abusan. Lo usan sobre el protagonista y sobre personajes secundarios. Si lo hubieran sólo usado con el viejo, la sensación de soledad sería mayor. Tal vez podrían haberlo dejado para el final, para la soledad final del protagonista para ganar significado. Pero al usarlo en tantos personajes tantas veces se diluye el efecto. Me gustó también cómo resolvieron no mostrar los dibujos en las muestras, con un cartón recortado que hacían de marco-pared, como si los dibujos estuvieran viendo a los espectadores.

Y claro, algo de Baccarat: Hippie en Constitución



Monday, July 06, 2009

noche 11


El amanecer no llegaba nunca, la lluvia estiraba la noche y el rayo de luz que Martín esperaba ver sobre la biblioteca se diluía en grises azulados. El reloj estaba a sólo un giro de cabeza, tal vez ni siquiera eso, pero, ahora, cualquier movimiento parecía una proeza. Escuchó las gotas que repiqueteaban contra la ventana, quiso distinguir cada una, adivinar las trayectorias y las líneas puntuadas que dejaban sobre el vidrio. Pensó en que todavía tenía que planchar la camisa y se preguntó por qué nunca podía aprovechar las horas de insomnio. Algo que debería hablar con su analista. Aunque tampoco aprovechaba esos cuarenta minutos ni los doscientos pesos que le costaba cada sesión. Cuando se sentaba en aquel sillón negro, siempre le entraba sueño, como si de pronto lo hundieran en agua tibia. Alguna vez, su analista lo había despertado para decirle que se veían la semana siguiente. En cualquier momento suena el despertador, se dijo y lo invadió un terror que le cerró los puños sobre la almohada. Sabía que, antes del chillido de la radio, se escuchaba un clack. Y ese sonido era lo más triste del mundo. Me levanto, mejor me levanto antes. Basta, levantate. Levantate, chabón. Dale. Contá hasta diez y levantate. Siete, ocho. Dale. Nueve, diez. Dale, ahora, arriba. Dale, levantate. La radio voló por el aire y se estrelló en la otra pared. Martín miró los restos caidos en el piso, volvió a acostarse y se quedó dormido.


Saturday, July 04, 2009



Dormías vos
pero ése era
mi sueño.


Thursday, July 02, 2009


Empezó ya perdido
con la suerte echada
y maldita.
Sin llegar al final,
terminó peor.
Y de rodillas
besó el camino.

Se despertó una hora antes de que sonara el celular.
Se encontró abrazado a ella y, al mirarla,
sospechó que dormir ya no tenía sentido.
noche 08

Wednesday, July 01, 2009


El Arruga, así lo llamabábamos. Repartía los diarios de Rubén, laburaba antes de que el mundo se despertara y cuando terminaba volvía a esconderse en la pieza que ocupaba en la pensión. Yo lo oía llegar – tengo el sueño ligero- , los pasos apurados en la escalera y el pasillo, las llaves –tenía un montón de los edificios donde dejaba los diarios- y después sí la puerta. Rara vez se lo veía, suponíamos que guardaba un balde en su cuarto porque ni siquiera al baño iba. Doña Elvira decía que a ella no le importaba, que después de todo era su mejor inquilino, que siempre le pagaba a principios de mes y entonces dejábamos de hacer preguntas y nos íbamos con las manos en los bolsillos. Las pocas veces que lo vi, iba con una capucha que apenas dejaba ver la nariz. Pero sólo con eso uno sabía que el nombre estaba bien puesto. Tenía la piel como pergamino viejo, daba la impresión de que se lo podía pelar todito y dejar la cáscara en una sola pieza.
En alguna noche de borrachera, con los muchachos hablamos del Arruga. Nos dio pena su soledad y pensamos que teníamos que ayudarlo. Se nos ocurrió abirrle la puerta y ahí, de un tirón, hacerle el favor de dejarlo planchadito. Así que salimos al pasillo, caminamos despacio pero seguro las risas y nuestros pasos torpes lo despertaron porque cuando entramos, la pieza estaba vacía. En el perchero colgaban su abrigo y su piel.



Frase del día:

- No sabe lo que pasó, doctor.
- ...
- ...
- Pero cuénteme, hombre.
- Un hecho significativo, algo que puede cambiarle la birra.


Toca la orquesta:


Tuesday, June 30, 2009

Estaba muerta, no había nada que hacerle. Tantas veces lo había salvado aquel 38´ corto que cómo iba a abandonarlo en el cajón. Al menos sacalo de la cama, insistía su mujer. No seas ingrata, que si no fuera por él, hace rato que estarías viuda. Pero cómo se iba a imaginar que justo ella iba a querer que le hiciera eso, cómo se iba a imaginar que justo sus manos presionarían contra la almohada, justo con el cañón apuntándole a la cabeza. Y ahora, todo hecho un asco. Por suerte, su pantalón preferido había quedado lejos, en la silla. Pero la camisa y el saco sí que estaban hundidos en sangre. Pensó en llamar al Japonés, como siempre que hacía después de un trabajo, pero le dio un poco de pena que el tipo ése manoseara a su mujer. Sí, ya sé que está muerta. No, lo haría él mismo. Sabía que en pocos minutos el cuerpo se pondría duro y ahí sí que iba a estar difícil. Tiró de las piernas para quitarla de la cama, la sangre lo hizo resbalar y caer al piso. Mierda, te dije que estabas gorda. Volvió a tirar, esta vez con más cuidado. Al caer, la cabeza resonó con un golpe seco a pesar de toda esa sangre. Perdón, amor. Abrió la puerta y miró el pasillo, las escaleras que bajaban hasta el hall. Siguió tirando de su mujer, que iba con los brazos levantados, una mano todavía aferraba la almohada ahora roja. Por suerte, sus pies dejaron de resbalar. La piel contra la madera encerada hacía el mismo ruido que las zapatillas de su hijo. Menos mal que el pendejo se fue a putanear. Sí, claro, guita para salir con los pibes. ¿Qué piensa?, ¿que nací ayer? Al fin llegó a la escalera. Descendió tres escalones y soltó las piernas de su mujer para descansar apoyado contra la baranda. Miró el cuerpo ensangrentado y tuvo una erección. Sos un hijo de puta. Trató de alejar esos pensamientos pero era imposible. Amaba a su mujer.

Monday, June 29, 2009


La noche llegaba, entre nubes, a la última calle. La pintaba stencil de adoquines, cordones y ladridos. Las sombras y el hombre, solapas levantadas, manos en los bolsillos de la gabardina, avanzaban empujados por el viento. El hombre llegó a la esquina, el farol le iluminó la cara (hace tanto tiempo de un espejo) y él levantó las manos como si aquella bombilla fuera él único fuego en el resto de su vida. Miró hacia la otra calle, al umbral donde la luz se acobardaba, y encendió un cigarrillo. Esperó apoyado en el poste de hierro negro, la ceniza creciéndole hacia adentro, haciendo equilibrio antes de caer tan cerca. Volvió a mirar y una luz débil surgió de la puerta que se abría. Otro hombre salió, se puso el abrigo y caminó hacia la esquina. Los hombres se cruzaron, sus miradas se cruzaron, el perfume de la mujer permaneció en el aire como el tañido de una campana que responde. El hombre apagó la colilla contra el poste y avanzó hacia la puerta. Sacó el llavero del bolsillo pero no logró distinguir la llave de su casa. Llamó a la puerta. Su mujer abrió. ¿Otra vez perdiste la llave? Pasá que hace frío. Tomó las manos de su marido entre las suyas y él recordó que amar no era otra cosa que esa piel.


Frase del día:


"- Y bueno, amigo, así es la birra. Uno no pude aferrarse a ella, tiene que dejarla fluir."




Nocturnidades:


noche 02

noche 04

noche 10

noche 05

noche 09


Parafraseando la famosa frase

"Que no me entere que ese culito pasa hambre."

surgió:

"Que no me entere yo que ese primer chakra anda cerrado."


Friday, June 26, 2009


Frase del día:

- Me tengo que ir.
- No, pero no se vaya tan pronto...
- Quédese...
- ¿Pero cómo se va a ir ahora?
- Perdón, muchachos, pero el beber es el beber.


El pozo era profundo, no se veía el fondo; ni siquiera podía saberse si tenía fondo. El viento subía en un silbido frío y te obligaba a cerrar los ojos cuando te asomabas. La abuela decía que muchos niños habían caído y que nunca se había vuelto a saber de ellos. La abuela decía muchas cosas pero ni siquiera sabía usar el teléfono de botones. Acá la encontré. Javier arrastraba una manguera roja y blanca y transpiraba por el esfuerzo. ¿Alguien te vio? Sí, mamá. Le dije que íbamos a regar el jardín de don Cristóbal. Mi hermano me sonrió. Atamos la manguera a la rama de un árbol y nos colgamos haciendo fuerza hacia abajo. Te dije que iba a funcionar. No sé por qué me costaba darle la razón. Dejamos caer lo que quedaba de manguera al pozo negro. Bajo yo, dije tratando de que mi voz sonara grave. ¿Y yo? Vos después. Me subí a la pared de piedra y agarré la manguera con las dos manos. Me dejó caer despacio: primero las piernas, después la panza, qué fría está la piedra, un poco más y ahora solo quedaban los brazos. El ángulo de la piedra me lastimó debajo de las axilas. Tuve que soltar una mano para poder acomodarme; mi hermano me miraba hasta que se cansaba de estar en puntas de pie y después volvía, sus ojos por sobre la pared. Me dejé caer un poco más y mis manos resbalaron sobre la manguera. Sostuve con todas mis fuerzas y apoyé los pies contra la pared. Javier gritaba miles de veces, todas juntas. Estoy bien grité y todas nuestras voces se chocaron. Estoy bien. Me dolía el hombro y la cadera. Las manos ya no las sentía. Traté de bajar despacio pero volvía a caer. Miré hacia arriba, el círculo era ahora como una luna chiquita. Javier, grité. Javier. Traté de tirar con fuerza; en ese momento sólo podía pensar en Oto, el peluche que le habían robado a mi hermano. Esta noche lo encontrarían en el fondo de mi cajón.

Thursday, June 25, 2009


No supe cuál elegir:


txabela 113



txabela 114


El Rey ha muerto, viva el Rey, brindaron todoas alzando sus jarras. La taberna estaba colmada de pescadores recién llegados. La jornada había sido un éxito, las rondas se invitaban unas a otras y pronto la noche llegaría a la madrugada. El hombre al que llamaban el Rey bebía en el rincón iluminado por el fuego; una mesa que nadie más osaba ocupar. Hacía años que aquel hombre se pasaba cada noche en su trono sin hablar con nadie. Todo lo que se sabía de él surgía de las historias de los viejos, que iban muriendo de a poco y pronto, así lo esperaba el Rey, ya nadie recordaría. Desde su trono miró la sombra temblorosa que dejaba sobre el techo el cráneo de la ballena. Se decía que aquélla fue la primera que cazó, que la había perseguido solo, en el mar enegrecido de noche, cuando todavía era un niño. La cabeza colgaba de unas sogas, atadas a un cabo, sujeto a un gancho empotrado en aquel rincón. Algunas noches podía verse al Rey acariciando el nudo, como si fuese el perlo recogido de alguna mujer. Pero esa noche había permanecido tan inmóvil que sus jarras parecían vaciarse a fuerza de magia. El Rey ha muerto, dijo el Rey desde el fondo de dos décadas de silencio. Tiró del cabo, el nudo se deshizo y el cráneo cayó sobre el trono.

Wednesday, June 24, 2009

Frase de la noche:


- ¿Cómo quiere que la olvide?, amigo.
- Lo sé, es tan difícil, pero debe tratar...
- Tratar. Tratar. ¿Y qué hago con tanta sobriedad?
- Seguir. Seguir bebiendo porque, aunque ahora no lo crea así, la birra continúa.

Ayer vi El boxeador de Buster Keaton. Qué buena película. Me maravilla cómo esos tipos lograban contar una historia con relativamente pocos recursos. Sin voces ni sonidos, cuadros fijos, casi ningún efecto especial. Todo se apoyaba en el lenguaje corporal y con eso alcanzaba. Así cuentan la historia de un ricachón de nombre Butler que se hace pasar por un boxeador de mismo nombre para poder conquistar una chica. Un argumento que parecería simplón pero que igual funciona. Y el final es maravilloso.


Lo que le gustaba de dormir en su casa

era que ella empezaba el mundo.


Tuesday, June 23, 2009


Hasta me gustaba verlo pedir un café. Es que cada sobre de azúcar tenía su ritual. Primero, la clásica sacudida con la mano levantada por sobre el hombro, como si escuchara alguna música entre aquellos granos escondidos. Después, un corte que separaba un triángulo isósceles de papel. Mientras vertía el azúcar revolvía con la otra mano, la cucharita siempre en sentido antihorario. Era difícil que se diera por vencido en el primer intento, por lo general probaba un sorbo y volvía a depositar el pocillo en el platito, lo giraba para que el asa le quedara del lado izquierdo y repetía el proceso. A veces, ni siquiera llegaba a tomarse el café cuando se paraba de golpe, volcaba lo que hubiera sobre la mesa y gritaba indignado: -Esto no puede ser. Al final siempre se tomaba el café, la cabeza que colgaba y un movimiento pendular de lado a lado. En el bar ya lo conocían y los gritos ni siquiera interrumpían las conversaciones que estuvieran teniendo. Sabían que al final pagaría el café y cualquier cosa que hubiera roto. Aquel día también se paró de golpe pero dijo en un susurro: -La perfección. Todos lo escuchamos clarito porque lo repitió mientras rompía en llanto. La perfección, esta vez en un grito. Nos abrazó a cada uno. Por fin, por fin. Salió a la calle y se perdió por la esquina. Cuando me acerqué con la bandeja a limpiar la mesa, me di cuenta de que se había ido sin pagar.


Visité este blog y no pude evitarlo.
Just the way you are de Billy Joel, cover de Willy Crook.




Despertó en un cielo verde. Miró a la mujer, luz de aquella luz,
y comprendió que, si todavía no estaba muerto,
entonces era inmortal.

Monday, June 22, 2009

Julián volvió a revisar los tres billetes que llevaba en la billetera. En un día normal no le hubiera alcanzado ni para una copa pero era la noche de jueves de la última semana del mes. Nadie tenía plata entonces y él solía guardar un billete de cada viernes de las primeras tres semanas del mes en la lata de tabaco, vacía hace años. Así se aseguraba de que lo atendieran a pesar de que se buralaran de él. Pocas veces le alcanzaba para Raquel pero tal vez hoy tenía suerte. Tocó timbre, se acomodó el pelo y la camisa y esperó que lo identificaran por la mirilla. El Polaco abrió la puerta, el olor del puterío lo rodeó y enseguida tuvo una erección. Pasá flaquito, ya nos preguntábamos qué te había pasado que no llegabas. Julián dio dos pasos, el pasillo de paredes alfombradas lo llevó hasta la sala. Frente a la escalera, acodadas en la barra, estaban la rusa y Sabrina. ¿Raquel no está?, preguntó al Polaco que ya se había acomodado detrás de la barra. ¿Te sirvo algo flaquito? Julián negó con la cabeza. Por eso estás tan flaco, vos, dijo mientras cambiaba el canal del televisor. Las dos chicas ni siquiera lo miraban. ¿Raquel está ocupada? Raquel, siempre Raquel. Sabrina lo miró de arriba abajo. ¿Qué? ¿Acaso nosotras no somos buenas para el señor? No, no es eso. No es para nada eso. ¿Entonces? Julián miró sus zapatos. No importaba cuántas veces lo lustrara, cada vez le daban más vergüenza. En ese momento, oyó los pasos sobre los escalones. Raquel, dijo en un suspiro. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me llamo Raquel?, dijo la chica.
naturaleza muerta 01

El otro día fui a la Fundación Proa para ver la exhibición de los fotógrafos alemanes y no me gustó. Tengo que decir que la exhibición era muy buena: las copias eran increíbles, todo bien dispuesto y bien editado. El problema (mío, al parecer) es que no me gusta el concepto de esa fotografía de la Escuela de Düsseldorf, en la que prima el super recontra ultra hiper recórcholis objetivismo. Me pregunto qué sentido tiene un arte objetivista. Sí, las tomas son perfectas; sí, la técnica es impecable; sí, las copias son insuperables. ¿Y? Estos tipos son todos seguidores de los Becher, un matrimonio que se pasó décadas sacando fotos a tanques de agua, casas y otras cosas por el estilo. A esa serie le veo mucho más sentido que a las fotos de sus alumnos. En esa repetición perfecta hay algo, algo más. Me da la sensación de que sus alumnos se quedaron sólo con la forma y se olvidaron del contenido. Aún así, la foto del recital de Die Toten Hösen me parece buenísima.



PD: no puedo recordar el nombre del tema de de Die Toten que me gustaba, maldita sea.

Friday, June 19, 2009

Tuesday, June 16, 2009



¿Se acuerdan? Uno antes decía "te amo" con tanta facilidad. Un buen polvo, la certeza de que la sola existencia del otro te hacía feliz, una conversación que te llenaba de ternura, descubrir un fulgor en sus ojos, el calor de su pierna cruzada sobre la tuya. Cualquier cosa era merecedora de un "te amo". Ahora uno no lo larga ni bajo tortura. ¿Qué pasó? No creo que el sentimiento no fuera sincero entonces. Era amor lo que se sentía. Ahora no sé que se necesita para decirlo. Al parecer no es suficiente con pasar toda la noche abrazados, cogiendo hasta el agotamiento, charlar interminablemente sintiendo, al menos ahí en esa cama transpirada, que eso es lo único que se quiere, que se necesita. ¿Cómo es que eso no alcanza? ¿Qué nos hicieron? ¿Qué nos hicimos? Entiendo que el amor se redefina con el tiempo y las personas, que lo que fue amor ahora no lo sería, pero tengo miedo de que ya nada logre llenar esa palabra tan simple.


Así me desperté:

Murguita del sur de Bersuit Vergarabat.

Monday, June 15, 2009


En París me pasaron cosas muy lindas. Así empezó. Claro que nunca había estado en París y lo más probable que tampoco le pasaran cosas lindas. Pero pensaba que no podía ser difícil haber estado en París si había nacido en Buenos Aires y que las cosas bonitas se vivían acodado sobre alguna barra de Balvanera. En aquel bar escuchaban con atención, hasta habían bajado el volumen del televisor y ni siquiera era necesario hacer callar a Néstor. Una vez conocí una chica. Una pausa, un sorbo a su whisky, sin hielo por favor. Era hermosa, claro que no una hermosura ordinaria, no señor, si hasta le faltaba un ojo. Llevaba parches que cambiaba con coquetería; a veces negro para combinar con los vestidos de noche, no saben lo bonita que se veía de negro, otras turquesa para lucir por las calles estrechas de parís y uno verde que competía con su mirada. Incluso tenía uno que a siemple vista parecía cubierto de puntos pero que en realidad eran mariposas diminutas, mariposas que sólo podían verse por la noche, cuando te regalaba la paz de su sueño. Otro día, miró al camarero que se apuró en llenarle el vaso. Otro día, un hombre me regalo un papel sucio que parecía haber sido arrancado de algún cuaderno o libro. El tipo después de hacerme cerrar el puño sobre esa basura, se fue corriendo. Estuve a punto de tirarlo antes de siquiera ver qué era. No sé si fue piedad, curiosidad o la certeza de que la ciudad me vigilaba, la calle delgadísima no me permitiría deshacerme con tanta facilidad de uno de sus caprichos. Abrí el puño, leí aquellas palabras, la tinta corrida, el pulso torpe pero que escribía con la ferocidad de estar matando el tiempo. Era un poema. Amigos, no soy un intelectual pero me considero un hombre sensible. Y ése era un poema maravilloso. De pronto las calles se me hicieron mentira. No había nada, no necesitaba nada. No sé cuántos días estuve vagabundeando por París, durmiendo a sus pies, llorando y llorando. Tomó otro sorbo de su whisky que de alguna forma volvía a estar lleno antes de quedar vacío. Todos sintieron el llanto y era imposible mirar al hombre por más de un segundo. Es tan difícil ver a un hombre llorar, un hombre que recuerda haber llorado. Un día decidí que no podía seguir existiendo así, tan fuera de la vida. No sé a quién le di aquel pedazo de papel. Hizo la pausa que requiere beber un vaso de un solo trago. Una vez caminaba por un parque, dijo y durante toda la noche, París se dibujó entre ellos; afuera Buenos Aires se iba a dormir con una sonrisa en su cielo.
otonio09 15

Friday, June 12, 2009


El otro día vi Garage Olimpo de Marco Bechis y me pareció mala. No me gustó la actuación, la fotografía ni el guión. Supongo que el principal problema es el guión que me parece tiene un error básico: ninguno de los personajes cambia. No hay un solo personaje que deba enfrentarse a una decisión, por lo tanto ningún personaje cambia por esa decisión que tomó. Pareciera más bien un documental de ficción.
Esta película ganó un montón de premios y de reconocmiento pero no creo que haya sido por mérito propio sino por la mierda de nuestra propia historia.

otonio09 13

Thursday, June 11, 2009

Wednesday, June 10, 2009

Sí, lo sé, hace mucho que no escribo nada. Ni acá ni allá. Las palabras se me escapan o más bien le son hostiles a la cosa. Como si la cosa y la palabra fueran imanes del mismo polo. Entonces uno tira pero la palabra nunca da en la cosa, la rodea, se acerca, marca difusamente lo que no es y vuelve a uno derrotada. A veces me gusta esta derrota, me parece enriquecedora, pero últimamente prefiero la fotografía, donde todavía no pretendo acertarle a nada. Claro, lo sé, ése es el yeite, no pretender nada y hacer.

Tuesday, June 09, 2009


Recuperé mi 6x6

Monday, June 08, 2009

Mi profe Nacho Iasparra es groso.



by N. I.
bar 01

Thursday, June 04, 2009

Así me levanté:

Asturias de Víctor Manuel.

Wednesday, June 03, 2009

Caminó por el invierno de aquella mañana sin poder recordar, miraba el reflejo de las vidrieras sin poder recordar, el color de sus ojos. Tal vez nunca lo supo. Y ahora pensaba que saber implicaba intemporalidad, que si algo se le olvidaba quería decir que nunca lo había sabido del todo. Pero no, no podía ser así porque el olvido era una forma de saber. Olvidar si eran grises o verdes era pulir el recuerdo para que el corazón ámbar, nunca podría olvidar los soles ámbar, se le metiera bien adentro del frío. Un bocinazo detuvo sus pasos; no le dijo que había soñado que sus ojos eran flores.

Tuesday, June 02, 2009

Stand by me de Ben E. King por los Fugees.

otonio09 11


No alcanza con dejar fluir,
a veces hay que remar.


O podé terminar en la cloaca, puto.

Pomi.

Monday, June 01, 2009

Mi amigo Pablo me hizo la carta astral. Dice que soy el pisciano más pisciano que puede haber. Eso no quería decir mucho para mi pobre entendimiento entorpecido por prejuicios de larga data. Así que me explicó que tengo una desconexión severa con el mundo, que vivo en mi nube de pedos y así voy. Eso explicaría muchas cosas. Todas las cosas, a decir verdad.
"Brumosos"

Sunday, May 31, 2009

Frases de la noche:

"- Esa filosofía tuya es bastante mala.
- Puede que sea mala...pero es mía. Y eso nadie me lo quita."

"Hay cosas, amigo, que uno tiene que afrontar sobrio."

"Es al pedo empujar cuando la pija es corta."

Thursday, May 28, 2009



El insomnio da bronca porque es obvio
(se ve en la grieta de la pintura del techo)
que hay algo muy adentro de uno
que sí se quedó dormido.



castelar 09
Muchas personas se quejan de mi falta de memoria pero pocas reconocen la ventaja de tener buen olvido:

- Podés contarme la misma historia mil veces sin lograr aburrirme.
- Tengo una incapacidad de guardar resentimiento, no importa qué hayas hecho.
- Voy a sorprenderme cada vez que me cuentes esa anécdota de tu perrito.
- Puedo alegrarme varias veces por el mismo hecho.
- Perdono en el 100 % de los casos.
- Mi entusiasmo no merma, no importa cuántas repeticiones lleve.
- Doy infinidad de oportunidades.

Tuesday, May 26, 2009

Acabo de terminar Ask the dust (Preguntale al polvo) de John Fante (Juan Fanta) y me gustó mucho. De todas formas, me parece que va de mejor a peor. El último tercio cae un poco pero aún así se sostiene bien. El tipo tiene una prosa potente, cada párrafo es una locomotora. La historia avanza y avanza. Empieza a destartalarse cuando involucra la marihuana en la cuestión. Se nota que está empapado por los prejuicios existentes en su época (década del 30) entre la sociedad yanqui y le da al porro un rol preponderante en la resolución del libro. También me dio la impresión de que lo escribio apurado, no sé si fue así, pero hay cierta desprolijidad (que no afecta ni un poco la calidad del libro) que hace pensar en el tipo desvelado, escribiendo a toda velocidad. En fin, otro escritor yanqui que me gusta.
otonio09 10
Ayer vi Chungking Express de Wong Kar Wai. Me gustó aunque no me voló la cabeza como Happy together del mismo director. Pasa que en esta película la historia no llega a calar, todo sucede con una mayor armonía. Uno no siente angustia ni felicidad ni nada, como si fuese un entrenamiento para las películas que vendrían después (Happy together, In mood of love, 2046). Tal vez la estructura de la narración no lo ayudó. Pasa que cuenta dos historias apenas conectadas por el puesto de comida Chungking Express y tal vez no hay espacio suficiente para dos historias, no sé. De todas formas es una buena película para día de lluvia o viernes a la noche.

Thursday, May 21, 2009



y así se quedó toda la noche, escribiendo en aquel rincón de la pared, acostado en la cama, sobre el colchón que parecía estar relleno de un hedor que se hacía sangre. Escribió hasta que ya no hubo lugar en su rincón, demasiado derrotado para darse vuelta, para buscar otra sombra. Escribió sobre lo ya escrito hasta que las oraciones se encimaron en un silencio azul. Escribió hasta quedarse sin tinta y las palabras surgieron blancas, rayadas de yeso. Escribió, escarbó y así siguíó, arrinconado entre lo



Ayer se me pegó esta canción y no puedo dejar de cantarla. Hay algo en la música de los 80 gallega que es tan grasa que es re grosa.


Me quedo contigo de Los Chunguitos.

Compañía Inshallah de Euge y Melina

Wednesday, May 20, 2009

Amada mía de Oscar Alemán, uno de los temas que este jueves a las 21 en La Dama Bollini (Pje Bollini 2281) tocará la Orquesta Inestable.

Cuando era chico (y no tanto) solía escaparme del colegio o de cualquier otra obligación para ir a jugar a los fichines. Había uno en Canning y Corrientes que estaba atendido por un chino y que era muy barato: 8 fichas por un peso. En aquella época era aún más adicto que ahora. Podía levantarme un sábado temprano para ir cuando abrían y muchas veces llegué a estar antes que el dueño, ahí parado con la persiana todavía baja. Y entonces era yo quien encendía las máquinas de los juegos que quería jugar. A pesar de que todas las máquinas eran iguales, podía distinguir los juegos por la posición que ocupaban en el local. Ahí me quedaba todo el día, diez, doce horas o las que fueran hasta que se me acabara la plata. ¿Que si comía? A veces iba a una pizzería que había cerca, comía dos porciones apurado y regresaba a mi adicción. Por lo general jugaba a los de fulbo y al street fighter. Era muy bueno en el street fighter.
Después, la birra me enseñó otros caminos.


PD: desafío a quien sea a jugar un Street Fighter. Al dos, porque los otros no llegué a jugarlos. Me gustaba ese que tiraba la bola en zig zag.