Friday, April 21, 2006
Me levanté (todavía no despierto) yo. No está taaaan mal. Las sensaciones de ayer permanecen pero con menor intensidad. Una bronca (qué buena palabra) que lo cubre todo y no me deja ver el camino. Sigo sin poder distinguir entre la bronca y la tristeza. Ahora me voy a entrenar, así que voy a descargar mi trsiteza sobre mis compañeros.
Wednesday, April 19, 2006
Hoy, cuando me levanté, pensé que me había quedado dormido para llevar a mi amiga Paula al aeropuerto. Había puesto el despertador a las 8.30 y cuando fui a fijarme eran las 8.29. Me volví a acostar. Me cubrí con la frazada y me dije cuento hasta cien y me levanto. Cien, noventa y nueve. Qué raro se siente todo, como si la realidad hubiese equivocado el rumbo en la última bifurcación. Guantes de piel en mis manos, cuerpo-frazada tan calentita, afuera tan friíto, ventana de nubes grises y la cabeza sólo existe en la superficie, como si el cerebro fuese por afuera, un casco de neuronas. Cien, noventa y nueve. Levantarse, entrar al baño, darse una ducha, lavarse los dientes, vesitrse, salir. Tan sencillo como eso. Un paso detrás del otro. Una letra después de otra. Tan fácil.
Dejo No rain de blind melon.
All I can say
is that my life is pretty plain
I like watchin' the puddles
gather rain
And all I can do
is just pour some tea for two
and speak my point of view
But it's not sane, It's not sane
I just want some one to say to me
I'll always be there when you wake
Ya know I'd like
to keep my cheeks dry today
So stay with me and
I'll have it made
And I don't understand
why I sleep all day
And I start to complain
that there's no rain
And all I can do
is read a book to stay awake
And it rips my life away,
but it's a great escape
escape......escape......escape......
All I can say
is that my life is pretty plain
ya don't like my point of view
ya think I'm insane
Its not sane......it's not sane
Dejo No rain de blind melon.
All I can say
is that my life is pretty plain
I like watchin' the puddles
gather rain
And all I can do
is just pour some tea for two
and speak my point of view
But it's not sane, It's not sane
I just want some one to say to me
I'll always be there when you wake
Ya know I'd like
to keep my cheeks dry today
So stay with me and
I'll have it made
And I don't understand
why I sleep all day
And I start to complain
that there's no rain
And all I can do
is read a book to stay awake
And it rips my life away,
but it's a great escape
escape......escape......escape......
All I can say
is that my life is pretty plain
ya don't like my point of view
ya think I'm insane
Its not sane......it's not sane
Tuesday, April 18, 2006

Andrea acaba de irse. Compartimos una cena que, una vez más, cociné yo.
Andrea acaba de irse como Andrea, no como mi ex o mi tristeza.
Hoy, mientras comíamos, sonó su celular. Era su novio -SU NOVIO- que quería saber cómo estaba y si se veían esta noche. Mientras conversaban comprendí (supe sentí es): Andrea está en pareja.
Algo cambió.
Salgo al hall. Subo las escaleras de a tres escalones hasta llegar a la puerta de la terraza. Empujo el picaporte hacia abajo y la plancha de acero verde se abre sola para, sirviente de mi verdugo, señalar el camino. Salgo a un cielo, a un ciego apoyado en infinidad de edificios grises. Corro, los dedos rozan la pared rugosa. Hasta que quedo sin aire. Entonces, con las manos apoyadas en las rodillas y mi boca en busca del aliento que parece haber perdido en el piso plateado, grito. Un grito que raspa mi garganta, que no permite respiro, que no deja espacio para que entre nada. Sólo hay una dirección y es hacia afuera. Al fin llego a la superficie y tomo una bocanada de aire para volver a hundirme en un océano que me deja sordo, solo. El grito me envuelve, me grita, me empuja en su corriente y se lleva en burbujas todo lo que soy. Hacia el fondo de su océano.
Monday, April 17, 2006
mini flashback
falta corregirlo, pero ésta es la historia.
Cuando caminábamos por la noche de una ciudad extraña, nos cruzamos con dos tipos simpáticos. En realidad, esa forma de hablar, esas expresiones, hacían que todos fueran simpáticos. Ellos estaban borrachos, nosotros no. Les preguntamos a dónde se podía ir a esas horas en esa ciudad. Nos contaron de un lugar a unos veinte minutos de distancia. Sólo me tomó dos minutos entender que uno de ellos era un pelotudo. El pelotudo, también el más borracho, trataba de acercarse a Andrea. Al principio sólo me aseguraba de que se mantuviera apartado, después caminé entre ellos pero de alguna forma el tipo coseguía mantenerse cerca. En un momento vi que apoyaba la mano en su cintura. Aparté su mano de un golpe, pero no hice nada más. No sólo no dije nada sino que seguí caminando hacia este lugar desconocido. El tipo volvió a poner la mano en la cintura de Andrea. Quité su brazo y, otra vez, seguí caminando. Todavía no sé por qué no lo cagué a trompadas. Ni siquiera estoy seguro de que haya sido por miedo. Él estaba borracho y yo sobrio. Su amigo no hubiese hecho nada. Y yo no hice nada. Si hubiese decidido separarnos de ellos, ni siquiera era necesaria una pelea. Pero no lo hice. Por alguna razón, en ese momento, no podía tomar una sola decisión. Nunca le pregunté a Andrea por qué no había dicho nada, tenía miedo a la sola mención de aquel episodio. ¿Vamos?, dijo ella y sólo pude seguirla. Nunca me tuve tanto asco, tantas ganas de vomitarme. Sacar toda la mierda que soy fuera de lo que soy. Y llorar. La noche siguió otras dos horas, entre cafés o cerveza, no lo recuerdo.
No vomité, sigo siendo quien soy.
falta corregirlo, pero ésta es la historia.
Cuando caminábamos por la noche de una ciudad extraña, nos cruzamos con dos tipos simpáticos. En realidad, esa forma de hablar, esas expresiones, hacían que todos fueran simpáticos. Ellos estaban borrachos, nosotros no. Les preguntamos a dónde se podía ir a esas horas en esa ciudad. Nos contaron de un lugar a unos veinte minutos de distancia. Sólo me tomó dos minutos entender que uno de ellos era un pelotudo. El pelotudo, también el más borracho, trataba de acercarse a Andrea. Al principio sólo me aseguraba de que se mantuviera apartado, después caminé entre ellos pero de alguna forma el tipo coseguía mantenerse cerca. En un momento vi que apoyaba la mano en su cintura. Aparté su mano de un golpe, pero no hice nada más. No sólo no dije nada sino que seguí caminando hacia este lugar desconocido. El tipo volvió a poner la mano en la cintura de Andrea. Quité su brazo y, otra vez, seguí caminando. Todavía no sé por qué no lo cagué a trompadas. Ni siquiera estoy seguro de que haya sido por miedo. Él estaba borracho y yo sobrio. Su amigo no hubiese hecho nada. Y yo no hice nada. Si hubiese decidido separarnos de ellos, ni siquiera era necesaria una pelea. Pero no lo hice. Por alguna razón, en ese momento, no podía tomar una sola decisión. Nunca le pregunté a Andrea por qué no había dicho nada, tenía miedo a la sola mención de aquel episodio. ¿Vamos?, dijo ella y sólo pude seguirla. Nunca me tuve tanto asco, tantas ganas de vomitarme. Sacar toda la mierda que soy fuera de lo que soy. Y llorar. La noche siguió otras dos horas, entre cafés o cerveza, no lo recuerdo.
No vomité, sigo siendo quien soy.
Sunday, April 16, 2006
No quiero tener úlcera como mi viejo. Siempre pensé que la úlcera de mi viejo era por todas las cosas que quiere decir pero no dice. Es extraño que no piense que mi acidez crónica es por todas las cosas que quiero gritar pero no salen. Por todas las lágrimas atrapadas. Por toda la tristeza que no logro reconocer. Por todo.
Una vez nos olvidamos de pagar la cuenta de gas. La misma noche en que nos cortaron el suministro, me engripé: resfrío, fiebre y cama. Ella se encargó de traerme paños fríos, de cambiarlos cada diez minutos, de hacerme té y sopa con el calentador eléctrico. Me leyó en voz alta el libro que yo estaba leyendo pero cuyas letras se me escurrían entre parpadeos.
En casa, sin calefacción, hacía mucho frío. Y estoy seguro que debía hacer más frío afuera. Ella salió a buscar una película. Una linda y tonta, así te curás rápido. Algo raro de donde vivíamos era que el videoclub más cercano quedaba a diez cuadras de casa. Cuando volvió, preparó dos tazas de café con leche y trajo galletitas a la cama. Antes de que terminara la película vi que tiritaba de frío y que la fiebre se extendía en su piel. Me levanté para buscar un recipiente con agua y un paño para ponerle en la frente. Ya no me sentía mal. La expectativa de que mi mujer se dejaría mimar alejaba cualquier enfermedad.
No estoy seguro de que haya pasado así, pero no importa. La sensación que me dejó esa noche corresponde a una historia como ésta.
Hoy estoy engripado y con acidez, pero no hay nadie a quien pedirle mimos.
En casa, sin calefacción, hacía mucho frío. Y estoy seguro que debía hacer más frío afuera. Ella salió a buscar una película. Una linda y tonta, así te curás rápido. Algo raro de donde vivíamos era que el videoclub más cercano quedaba a diez cuadras de casa. Cuando volvió, preparó dos tazas de café con leche y trajo galletitas a la cama. Antes de que terminara la película vi que tiritaba de frío y que la fiebre se extendía en su piel. Me levanté para buscar un recipiente con agua y un paño para ponerle en la frente. Ya no me sentía mal. La expectativa de que mi mujer se dejaría mimar alejaba cualquier enfermedad.
No estoy seguro de que haya pasado así, pero no importa. La sensación que me dejó esa noche corresponde a una historia como ésta.
Hoy estoy engripado y con acidez, pero no hay nadie a quien pedirle mimos.
Saturday, April 15, 2006
Las noches de frío, cuando me acostaba con ella, eran las más esperadas. Sus manos y pies helados, siempre tuvo mala circulación, trataban de acomodarse en los rincones de mi cuerpo. Por alguna razón, sin importar si caminé descalzo sobre baldosas frías o si estuve todo el día fuera con un frío de cagarse, todo mi cuerpo mantiene la temperatura. Y ella me aprovechaba como su pequeño reactor nuclear. Sus pies entre mis piernas, sus manos apretadas bajos mis brazos. Y aunque yo actuaba una pequeña resistencia, me encantaba sentir cómo su frío se transformaba en pura calidez. Y cuando esto no funcionaba, una cucharita bien apretada, con la frazada de canelón. No puedo recordar si a ella se le enfriaba el culo.
Pasó lo que tenía que pasar. Después de años de maltratar a mi estómago, ayer se vengó de todas las que le hice. Tengo una acidez horrible, que me dobla en dos cada diez minutos. Tanto estaba sufriendo que llamé para que viniera un médico. Y sí pibe, tenés acidez. Tomate un taural y no comas nada por un par de días. Sólo tomá agua. Así que así estoy, agua, dolor, taural, dormir, agua, agua, baño, dolor.... Entre ayer y hoy debo haber dormido como 20 hs. Supongo que podría aprovechar para escribir o trabajar un poco.
Wednesday, April 12, 2006
Hoy, mi amiga Paula me preguntó si no tenía una remera sin mangas para prestarle. Hay que considerar que ella mide como metro ochenta y yo metro setenta con lo que la diferencia de espaldas, aunque existe, no es tanta. Le ofrecí la única remera sin mangas que tenía, que había comprado hacía poco para los entrenamientos pero que nunca había usado (todavía tiene la etiqueta puesta). Se la probó. Parezco lesbiana, dijo. Cierto. Lleva el pelo corto y esa remera, como es para hombres, es muy cuadrada y no se entalla. Después me la puse yo para mostrarle por qué no la usaba. Por alguna razón me queda muy gay. Ya sin esa remera, hay tipos a los que les despierto interés. No me quiero imaginar si salgo a la calle así. No sé por qué. Conozco chabones que usan musculosas parecidas y no quedan gays. Pero a mí sí. Tal vez porque soy más homosexual de lo que creo. No sé. Es increíble cómo la ropa puede despertar nuestros matices más homosexuales y algo realmente extraño que a Paula le quedara lesbiana y a mí gay. Tal vez es cuestión de costumbre. Me voy a sacar una foto a ver cómo quedo en realidad.
Voy a pensar un argumento acerca de una remera que desviste la verdadera identidad de las personas.
Bien. Para congraciarme con mis matices gays les dejo un tema a tono. Temazo de Erasure: Respect.
Voy a pensar un argumento acerca de una remera que desviste la verdadera identidad de las personas.
Bien. Para congraciarme con mis matices gays les dejo un tema a tono. Temazo de Erasure: Respect.
Tuesday, April 11, 2006
Para quitarles la modorra que les debe haber dado las últimas dos entradas, les dejo algo que encontré en la net. En realidad empezó en el libro de los Records Guinnes. Mi lectura preferida para tratar de dormir, para ir al baño o para estar sentado en el sillón del comedor con el solcito pidiendo siesta. En fin. En ese libro encontré la palabra Mamihlapinatapai, que según los expertos es la más difícil de traducir. Busqué en internet y encontré un listado de palabras que, además de no tener una traducción directo, son expresiones que me parecieron hermosas.
Mokita -> Nueva Guinea -> verdad que todo el mundo conoce pero nadie se atreve a pronunciar
Razbliuto -> Rusia -> sentimiento de cariño que se tiene por una persona a la que un día amamos
Mono no aware -> Japón -> la tristeza subyacente en el paso inexorable del tiempo
Mamihlapinatapai -> dialecto de la Tierra del Fuego -> el acto de buscar o mirar a los ojos de otro, con la esperanza de que el otro inicie lo que ambos desean pero que ninguno tiene el coraje de empezar
Ah-un -> Japón -> comunicación tácita entre viejos amigos o amantes
Saudade -> Brasil -> la expresión portuguesa que mejor define un estado de ánimo en el que se mezcla la melancolía y el recuerdo
Shibui -> Japón -> la apariencia amarga de lo que es positivamente hermoso
Treppenwitz -> Alemania -> respuesta bien dada que se nos ocurre dos horas después
Torschlüsspanik -> Alemania -> miedo que las personas solteras sienten ante la idea de carsarse
Mbuki-mvuki -> lengua bantú -> Despojarse de la ropa expontaneamente y bailar de alegría desnudo
Mokita -> Nueva Guinea -> verdad que todo el mundo conoce pero nadie se atreve a pronunciar
Razbliuto -> Rusia -> sentimiento de cariño que se tiene por una persona a la que un día amamos
Mono no aware -> Japón -> la tristeza subyacente en el paso inexorable del tiempo
Mamihlapinatapai -> dialecto de la Tierra del Fuego -> el acto de buscar o mirar a los ojos de otro, con la esperanza de que el otro inicie lo que ambos desean pero que ninguno tiene el coraje de empezar
Ah-un -> Japón -> comunicación tácita entre viejos amigos o amantes
Saudade -> Brasil -> la expresión portuguesa que mejor define un estado de ánimo en el que se mezcla la melancolía y el recuerdo
Shibui -> Japón -> la apariencia amarga de lo que es positivamente hermoso
Treppenwitz -> Alemania -> respuesta bien dada que se nos ocurre dos horas después
Torschlüsspanik -> Alemania -> miedo que las personas solteras sienten ante la idea de carsarse
Mbuki-mvuki -> lengua bantú -> Despojarse de la ropa expontaneamente y bailar de alegría desnudo
Monday, April 10, 2006

Hay que decidir algunas cosas.
En un momento había pensado en incluir el personaje ctrl z, que sólo iba a ser una voz, fantasma, inconsciente. De alguna forma esa voz se convertiría en su única conexión con el mundo del que se siente tan ajeno. Algo así como un puente, una forma de cruzar el océano de mierda. Pero Juan, el protagonista, no se iba a dar cuenta de que podía llegar por ahí al resto del universo y continuaría su viaje a nado a través del océano.
Bien, pero es algo difícil de sostener. Al menos, yo no logro sostener una voz que sólo habla por el messenger y que se tiene que convertir una especia de guía, espiritual, incomprensible, inútil. ¿Qué puede ofrecerme esa voz en término de acciones? ¿Qué hace el tipo a causa de esa voz?
La vestuarista tiene un papel importante. Ella sí va a ser una guía concreta. Alguien a quien va a seguir, alguien de quien cree enamorarse. Ella es una persona que comenzó a nadar, consiguió de alguna forma acercarse a la verdad pero no alcanzarla.
Me aburro a mí mismo. Lo voy a pensar solo y después les cuento las conclusiones.

Llegò el momento en que necesito una estructura de relato. Un argumento sólido para poder seguir con la historia. Me siento algo perdido así que vamos a listar las escenas que tengo hasta ahora.
Vamos a llamar Juan al protagonista. Juan y Andrea se separan. Andrea se va de la casa. Juan no sabe lo que siente.
Juan duerme, se despierta y duerme.
Flashback de la primera fiesta de bailar.
Juan sale a caminar y empieza a sentir que no existe. Tiene miedo de que una pareja que camina por ahí lo atraviese.
Vuelve a la casa. (¿ctrl z le escribe?)
Lunes. Va a trabajar. (¿què pasa cuando va a trabajar?)
Vuelve del trabajo y encuentra a Andrea en su depto. Se lleva en cajas algunas cosas.
Flashback de la adolescencia. Terror a la soledad.
(vacío argumental)
Persigue a la pendeja del bondi.
Sale a comer y se queda fuera de su casa, sin las llaves.
Toma café en el bar y se va sin pagar.
Se caga a trompadas con un borracho.
Va a macdonalds y se mide el pito.
Camina hasta la casa de la vieja de Andrea.
Le pide las llaves y antes de irse cogen. Él imagina que se está violando a la pendeja del bondi. Ella le dice que se estuvo cogiendo al mejor amigo.
Invita a desayunar a unos pibes de la calle. Se queda dormido en la vereda.
(vamos a sacar la escena boluda de matrix)
Al otro día va al laburo de extra en retiro. Se putea con un taxista que es tan pajero como él.
Conoce a la vestuarista. Se tiene que poner en pelotas y no lleva calzones.
Mientras espera a que lo llamen a escena, se masturba en el baño.
Se filma la escena. Almuerzo monumental en el andén de retiro. Mientras almuerzan pasan los hinchas a ver el partido boca river (algo que todavía no escribí)
Termina la filmación y vuelve al camión de vestuarios. La vestuarista está masturbándose. Rechaza una invitación de café.
Miniflashback de jardín de infantes. Se caga encima.
Hay dos escenas sin espacio propio: cap x y cap y. La historia del cartonero y la historia de Andrea depresiva.
Friday, April 07, 2006
Se me acaba de ocurrir algo: poner música a cada una de las escenas que escribí. No entiendo cómo no lo pensé antes. Taría bueno. Claro que no sé si da para leer y escuchar al mismo tiempo pero sí para comprender un poco más, para profundizar y comunicarse. También puede ser una estrategia de la lacra que hay en mí para poder perder más tiemp en boludeces y no sentarse a escribir. Veremos.

A veces me siento como el pibito de sexto sentido: i see dead people. Veo dos universos que parecen no tener contacto alguno, como si uno fuese de los vivos y otro de los muertos. Como cuando camino y veo a cartoneros laburando y a la gente de palermo, palermitanos, que sacan a pasear a sus golden retriever. Pasan uno junto al otro, a pocos centímetros, casi se rozan, pero no se miran. Ninguno mira al otro. Pareciera que desconocen la existencia de ese otro universo, quieren ignorar la otra existencia. Como universos paralelos, pero en este caso sí se tocan. Tienen contacto y se necesitan, y se retroalimentan. Y yo, un burgués de mierda, miro esos dos universos y no sé cuál es el de los vivos y cuál el de los muertos. Y cuando veo eso y no tengo ningún tipo de reacción, lo que ignoro es si estoy vivo o estoy muerto. Como bruce willies.
Esto puede ser aburrido. Hoy estoy soy aburrido.
Mi buena amiga Paula (sí, todavía amiga, todavía buena) me despertó 4:45 am para que la acompañara al consulado italiano a buscar su pasaporte. Cierto es que le dije que la acompañaba, que tenía ganas de estar con ella. Me levanté después de haber dormido dos horas, me vestí y tomamos el 132 para el consulado. Una cola relatimanete pequeña, algo de esperar para las 5:30 am. Los primeros de la cola, diez pibes que la mafia de la cola contrata para que duerman en la calle desde la noche anterior. Si no fuera tan patético, sería gracioso eso de la mafia de la cola. Te cobran entre 30 y 150 pesos para cederte un puesto reservado por estos pibes, depende de qué puesto querés. Paula no sabía si pagar por un puesto pero yo estaba en contra. Si me había levantado a la madrugada no era para pagar. Estuvimos tres horas, entre sentados y parados en la calle, conversamos de muchas cosas. Algo en realidad ameno (palabra que no uso hace bastante), tomamos mate, comimos galletitas, charlamos y escuchamos las conversaciones de los demás. ¿Por qué es tan difícil ignorar las conversaciones en las colas? Lo peor de todo es que cuando comprendo lo que dicen, me repugna. Por ejemplo hoy, un grupo de mujeres hablaba de lo taaaan difrente que es italia de argentina. Claro que es diferente. Claro que es mejor, al menos en algunas cosas. Pero había un nivel de snobismo en su conversación que daba ganas de patearlas. Porque yo en italia... Tupá. La otra conversacion, dos hombres de entre cuarenta y cincuenta que hablaban de la economía, de china, del acero, del petroleo, de las manifestaciones en francia. Conclusión: hay que flexibilizar el mercado laboral. UAT?!! Por dios, ¿no entendieron nada de la historia mundial de los últimos cincuenta años? Tupá, tupá.
Mientras esperábamos un fiat rojo se pegó un palo feo con un taxi. El fiat rojo había pasado en rojo. Los dos estacionaron en la banquina. Cuando el del taxi se bajó, el fiat arrancó y se fue a la mierda. Del taxi bajó un tipo de cincuenta, acompañado de dos gatos. Se alejaron despacio, como quien no quiere la cosa, y se tomaron otro taxi.
Paula también me contó cómo conoció a un italiano. Una historia muy linda que ya le voy a afanar.
Eran las 8 y 20 y el consulado todavía estaba cerrado. Entonces sale un guardia del edificio y anuncia que por ese día no se realizarán trámites de ningún tipo por el conteo de votos de las elecciones italianas. Cuak. Todos empezaron a putear. Un viejo con acento italiano decía hay que romper todo, es una falta de respeto, ¿por qué no hacen nada?, tenemos que romper todo. El viejo tenía razón, era para romperles todo. Pero la gente se alejó resiganada a que la caguen una vez más. Nosotros también. Pero nosotros estábamos felices de no haber pagado y de haber charlado mucho de muchas cosas. Algo que sólo sucede unas dos o tres veces al año.
Fuimos a desayunar café con leche y medialunas.
Mi buena amiga Paula (sí, todavía amiga, todavía buena) me despertó 4:45 am para que la acompañara al consulado italiano a buscar su pasaporte. Cierto es que le dije que la acompañaba, que tenía ganas de estar con ella. Me levanté después de haber dormido dos horas, me vestí y tomamos el 132 para el consulado. Una cola relatimanete pequeña, algo de esperar para las 5:30 am. Los primeros de la cola, diez pibes que la mafia de la cola contrata para que duerman en la calle desde la noche anterior. Si no fuera tan patético, sería gracioso eso de la mafia de la cola. Te cobran entre 30 y 150 pesos para cederte un puesto reservado por estos pibes, depende de qué puesto querés. Paula no sabía si pagar por un puesto pero yo estaba en contra. Si me había levantado a la madrugada no era para pagar. Estuvimos tres horas, entre sentados y parados en la calle, conversamos de muchas cosas. Algo en realidad ameno (palabra que no uso hace bastante), tomamos mate, comimos galletitas, charlamos y escuchamos las conversaciones de los demás. ¿Por qué es tan difícil ignorar las conversaciones en las colas? Lo peor de todo es que cuando comprendo lo que dicen, me repugna. Por ejemplo hoy, un grupo de mujeres hablaba de lo taaaan difrente que es italia de argentina. Claro que es diferente. Claro que es mejor, al menos en algunas cosas. Pero había un nivel de snobismo en su conversación que daba ganas de patearlas. Porque yo en italia... Tupá. La otra conversacion, dos hombres de entre cuarenta y cincuenta que hablaban de la economía, de china, del acero, del petroleo, de las manifestaciones en francia. Conclusión: hay que flexibilizar el mercado laboral. UAT?!! Por dios, ¿no entendieron nada de la historia mundial de los últimos cincuenta años? Tupá, tupá.
Mientras esperábamos un fiat rojo se pegó un palo feo con un taxi. El fiat rojo había pasado en rojo. Los dos estacionaron en la banquina. Cuando el del taxi se bajó, el fiat arrancó y se fue a la mierda. Del taxi bajó un tipo de cincuenta, acompañado de dos gatos. Se alejaron despacio, como quien no quiere la cosa, y se tomaron otro taxi.
Paula también me contó cómo conoció a un italiano. Una historia muy linda que ya le voy a afanar.
Eran las 8 y 20 y el consulado todavía estaba cerrado. Entonces sale un guardia del edificio y anuncia que por ese día no se realizarán trámites de ningún tipo por el conteo de votos de las elecciones italianas. Cuak. Todos empezaron a putear. Un viejo con acento italiano decía hay que romper todo, es una falta de respeto, ¿por qué no hacen nada?, tenemos que romper todo. El viejo tenía razón, era para romperles todo. Pero la gente se alejó resiganada a que la caguen una vez más. Nosotros también. Pero nosotros estábamos felices de no haber pagado y de haber charlado mucho de muchas cosas. Algo que sólo sucede unas dos o tres veces al año.
Fuimos a desayunar café con leche y medialunas.
Thursday, April 06, 2006
Wednesday, April 05, 2006
Hoy me despertó mi buena amiga Paula. Desayunamos y charlamos un rato, como no hacíamos en un año. Me había olvidado. Ya no sentía. Entendimiento que corre como río subterráneo: caudal turbulento, refrescante, que choca con paredes y se encauza. Podés nadar, dejarte llevar o sólo escuchar el ronroneo. Las cascadas son pura maravilla y los arcoíris dan ganas de llorar. Estoy feliz de que Paula esté acá.
Cover de Personal Jesus de Depeche Mode, hecho por J. Cash. Más que la letra, la música me hace pensar en un río con rápidos. El tema está del carajo.
Ya sé, me tengo que poner a escribir. Pero tengo mucho sueño.
Cover de Personal Jesus de Depeche Mode, hecho por J. Cash. Más que la letra, la música me hace pensar en un río con rápidos. El tema está del carajo.
Ya sé, me tengo que poner a escribir. Pero tengo mucho sueño.
Monday, April 03, 2006
Lunes por la mañana. Momento ingrato de la semana. Después de un sábado en el que el alma me dolió y un domingo en el que empecé a reacomodarme, llego a un día nublado, que parece mala onda. Como no quiero que sea así, busqué un tema para revertir las cosas. Un tema que parece rayos de sol. Vamos, vieja, éste es un mundo maravilloso. Joder, que sólo es cuestión de hacerse cargo.Somewhere over the rainbow y what a wonderful world por Israel Kamakawiwoole y Melvin Amina. No se puede creer la onda que tiene esto sólo con un ukelele que toca tres notas y la voz pura miel del chabón.
¿cap Y?
No sé dónde va a ir esta escena. Lo más probable es que no vaya en ninguna parte pero era necesario escribirla. Yo necesitaba escribirla.
Andrea abre los ojos, me mira, cierra un puño y se golpea en la cara. Llora con los párpados apretados, las mandíbulas apretadas, y vuelve a golpearse. ¿No entendés?, grita, tal vez me grita. Y no entiendo. Ya no trato de entender, de detenerla, ya no le agarro las muñecas, ya no la abrazo. Llora con rabia, con hambre, llora como si matara a alguien que merece la muerte. Salgo del cuarto. Me paso las manos por la cara y presiono con fuerza mientras avanzan hacia el pelo. Tal vez sequé una lágrima. Camino dos pasos. Yo también quiero llorar. Yo también quiero golpearme. Muevo la silla para sentarme pero me quedo de pie. Busco el atado de cigarrillos y el encendedor. Me acerco a la puerta del cuarto: Andrea llora contra la almohada. Salgo del departamento. Camino rápido. Entre los hombres que pasan por la calle, busco al más corpulento, lo alcanzo y le pateo la rodilla.
El papel húmedo se desahace en mi puño. Un tipo me mira a través del espejo del baño mientras intento quitar las manchas de sangre y la mugre de mi cara y de la ropa. Cuando se abre la puerta, la música del bar se mezcla con un zumbido en mi oído izquierdo. Los pasos que me llevan hasta el pasillo me hacen recordar el dolor en la pierna. Con cuidado, bajo las escaleras y salgo a la calle. Camino hasta casa. Abro la puerta y, tal vez por miedo al llanto de Andrea, tengo terror a su llanto, avanzo en silencio. La luz del cuarto es la única encendida. Tres paredes blancas y una verde claro rodean el relieve que esconde a mi mujer. Despacio, sin levantar el cubrecama, me acuesto junto a ella. Giro para darle la espalda, no quiero que mi respiración agitada la despierte. Mientras pienso que dormir podría hacerme bien, no puedo dejar de mirar el dolor de la pared verde.
No sé dónde va a ir esta escena. Lo más probable es que no vaya en ninguna parte pero era necesario escribirla. Yo necesitaba escribirla.
Andrea abre los ojos, me mira, cierra un puño y se golpea en la cara. Llora con los párpados apretados, las mandíbulas apretadas, y vuelve a golpearse. ¿No entendés?, grita, tal vez me grita. Y no entiendo. Ya no trato de entender, de detenerla, ya no le agarro las muñecas, ya no la abrazo. Llora con rabia, con hambre, llora como si matara a alguien que merece la muerte. Salgo del cuarto. Me paso las manos por la cara y presiono con fuerza mientras avanzan hacia el pelo. Tal vez sequé una lágrima. Camino dos pasos. Yo también quiero llorar. Yo también quiero golpearme. Muevo la silla para sentarme pero me quedo de pie. Busco el atado de cigarrillos y el encendedor. Me acerco a la puerta del cuarto: Andrea llora contra la almohada. Salgo del departamento. Camino rápido. Entre los hombres que pasan por la calle, busco al más corpulento, lo alcanzo y le pateo la rodilla.
El papel húmedo se desahace en mi puño. Un tipo me mira a través del espejo del baño mientras intento quitar las manchas de sangre y la mugre de mi cara y de la ropa. Cuando se abre la puerta, la música del bar se mezcla con un zumbido en mi oído izquierdo. Los pasos que me llevan hasta el pasillo me hacen recordar el dolor en la pierna. Con cuidado, bajo las escaleras y salgo a la calle. Camino hasta casa. Abro la puerta y, tal vez por miedo al llanto de Andrea, tengo terror a su llanto, avanzo en silencio. La luz del cuarto es la única encendida. Tres paredes blancas y una verde claro rodean el relieve que esconde a mi mujer. Despacio, sin levantar el cubrecama, me acuesto junto a ella. Giro para darle la espalda, no quiero que mi respiración agitada la despierte. Mientras pienso que dormir podría hacerme bien, no puedo dejar de mirar el dolor de la pared verde.
Saturday, April 01, 2006
Antes de haber escuchado el tema, había leído la letra en una nota de un diario. Me pareció maravillosa. La forma de construir el relato, el manejo de las palabras, la historia, todo me parecía increíble. Cuando pude bajar el tema de la net, flachié. Es de una belleza tal que dan ganas de llorar. Tal vez tiene que ver con la historia que escribo, no sé. No importa.
Construcción
Letra y Música: Chico Buarque
Traducción: Daniel Viglietti
Amó aquella vez como si fuese última,
besó a su mujer como si fuese última,
y a cada hijo suyo cual si fuese el único,
y atravesó la calle con su paso tímido.
Subió a la construcción como si fuese máquina,
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas,
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico,
sus ojos embotados de cemento y lágrima.
Sentóse a descansar como si fuese sábado,
comió su pobre arroz como si fuese un príncipe,
bebió y sollozó como si fuese un náufrago,
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico.
Y flotó por el aire cual si fuese un pájaro,
y terminó en el suelo como un bulto fláccido,
y agonizó en el medio del paseo público.
Murió a contramano entorpeciendo el tránsito.
Amó aquella vez como si fuese el último,
besó a su mujer como si fuese única,
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo,
y atravesó la calle con su paso alcohólico.
Subió a la construcción como si fuese sólida,
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas,
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos embotados de cemento y tránsito.
Sentóse a descansar como si fuese un príncipe,
comió su pobre arroz como si fuese el máximo,
bebió y sollozó como si fuese máquina,
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música.
Y flotó por el aire cual si fuese sábado,
y terminó en el suelo como un bulto tímido,
agonizó en el medio del paseo náufrago.
Murió a contramano entorpeciendo el público.
Amó aquella vez como si fuese máquina,
besó a su mujer como si fuese lógico,
alzó en el balcón cuatro paredes fláccidas,
Sentóse a descansar como si fuese un pájaro,
Y flotó en el aire cual si fuese un príncipe,
Y terminó en el suelo como un bulto alcohólico.
Murió a contramano entorpeciendo el sábado
Construcción
Letra y Música: Chico Buarque
Traducción: Daniel Viglietti
Amó aquella vez como si fuese última,
besó a su mujer como si fuese última,
y a cada hijo suyo cual si fuese el único,
y atravesó la calle con su paso tímido.
Subió a la construcción como si fuese máquina,
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas,
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico,
sus ojos embotados de cemento y lágrima.
Sentóse a descansar como si fuese sábado,
comió su pobre arroz como si fuese un príncipe,
bebió y sollozó como si fuese un náufrago,
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico.
Y flotó por el aire cual si fuese un pájaro,
y terminó en el suelo como un bulto fláccido,
y agonizó en el medio del paseo público.
Murió a contramano entorpeciendo el tránsito.
Amó aquella vez como si fuese el último,
besó a su mujer como si fuese única,
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo,
y atravesó la calle con su paso alcohólico.
Subió a la construcción como si fuese sólida,
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas,
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos embotados de cemento y tránsito.
Sentóse a descansar como si fuese un príncipe,
comió su pobre arroz como si fuese el máximo,
bebió y sollozó como si fuese máquina,
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música.
Y flotó por el aire cual si fuese sábado,
y terminó en el suelo como un bulto tímido,
agonizó en el medio del paseo náufrago.
Murió a contramano entorpeciendo el público.
Amó aquella vez como si fuese máquina,
besó a su mujer como si fuese lógico,
alzó en el balcón cuatro paredes fláccidas,
Sentóse a descansar como si fuese un pájaro,
Y flotó en el aire cual si fuese un príncipe,
Y terminó en el suelo como un bulto alcohólico.
Murió a contramano entorpeciendo el sábado
7.45 de la mañana, suena el fakin teléfono. Mis viejos, si quiero ir a Las Violetas a desayunar con ellos. Mse. Vuelvo a acostarme. Me quedo dormido y, a pesar de que es a una cuadra de mi casa, llego tarde. Tortas, tostados, sanguches y demases. Café con leche y jugo de naranja. Zarpado. Así que ahora tengo la panza llena, sueño inconciliable y no tengo tele.
Hay un corto subido a la net que está muy bien : www.callcentermovie.com Para todos los que hemos trabajado en un callcenter bilingüe es pura catarsis y, para los demás, van a entender por qué los que trabajaron en callcenters quedan medio tocados.
Ah. Es que el protagonista conoció a Andrea en un callcenter.
Ah. Es que el protagonista conoció a Andrea en un callcenter.
Friday, March 31, 2006
Hace mucho que no dormía tanto. Creo que dormí 10 hs seguidas.
Ayer invité a quien sería Andrea a comer a casa. Cociné carré de cerdo al verdeo. Una bomba. Comimos, nos quejamos de las panzas hinchadas, ella se fumó un pucho y dijo quiero leer tu blog. Nos sentamos frente a la computadora y le fui mostrando algunas cosas. Y flacheó. Algunas oraciones que a mí me parecían que estaban bien, a ella le encantaron y así. Muy lindo. Muy linda. También le mostré escenas donde Andrea es el tema principal y se la bancó bastante. Hasta que llegamos al momento que Andrea se lleva el disco de Ella Fitzgerald. Me lo regalaste, gritó mientras me pegaba en la espalda. Vos me lo regalaste, dijo. Chabona, esto es ficción, es el personaje, le expliqué. Ja, me encanta escribir.
Me levanté de buen humor, así que les dejo algo buena onda, Sun de Lisandro A. Un poco ñoño el Lisandro (¿Aristimundio, se llamaba? no me acuerdo el apellido) pero igual el tema es lindo (lindo, también es ñoño).
Ayer invité a quien sería Andrea a comer a casa. Cociné carré de cerdo al verdeo. Una bomba. Comimos, nos quejamos de las panzas hinchadas, ella se fumó un pucho y dijo quiero leer tu blog. Nos sentamos frente a la computadora y le fui mostrando algunas cosas. Y flacheó. Algunas oraciones que a mí me parecían que estaban bien, a ella le encantaron y así. Muy lindo. Muy linda. También le mostré escenas donde Andrea es el tema principal y se la bancó bastante. Hasta que llegamos al momento que Andrea se lleva el disco de Ella Fitzgerald. Me lo regalaste, gritó mientras me pegaba en la espalda. Vos me lo regalaste, dijo. Chabona, esto es ficción, es el personaje, le expliqué. Ja, me encanta escribir.
Me levanté de buen humor, así que les dejo algo buena onda, Sun de Lisandro A. Un poco ñoño el Lisandro (¿Aristimundio, se llamaba? no me acuerdo el apellido) pero igual el tema es lindo (lindo, también es ñoño).
Thursday, March 30, 2006
¿cap 17?
Modificación de la escena con la vestuarista.
Termina la filmación y, mientras todos aplauden, camino hacia el patio donde está estacionado el camión de vestuarios. Dos falores enormes iluminan la grava que anuncian cada uno de mis pasos. Sin llamar, abro la puerta y subo. Todo está oscuro salvo por el rectángulo de luz amarilla que apunta hacia la vestuarista. Desnuda, sentada en uno de los sillones, me mira mientras no deja de masturbarse. Todavía con el picaporte en la mano, me disculpo, quiero retroceder y cerrar la puerta pero me quedo inmóvil. Su respiración se hace más fuerte. Dejo la ropa en el piso, desabotono el pantalón y bajo la bragueta, pero ni siquiera logro una erección. Ella me mira sin parpadear, sus piernas se mueven una contra la otra y su mano se mueve entre ellas. Vuelvo a tocarme pero nada. Me agarro con fuerza hasta que el dolor me quita el aire. Disfruta del orgasmo en silencio y por un momento, agradezco estos segundos, esconde sus ojos marrones. ¿Qué necesitás?, dice al fin. Vengo a devolver la ropa, me apuro a decir. Dejala ahí, señala con la misma mano que hace unos segundos acariciaba su clítoris. ¿Tomamos un café?, me oigo decir. Estúpido. Sos tan estúpido. ¿Cómo es posible que alguna vez un tipo se haya levantado una mina? Somos tan pelotudos que parece algo imposible. Ella sonríe. Ella. Sonríe. No, dice. Claro, digo y vuelvo a subirme el pantalón. Cuando retrocedo siento la torpeza de mis pasos, como si estuvieran a destiempo de alguna danza. Me alejo del camión, tengo que esforzarme para no mirar atrás.
Modificación de la escena con la vestuarista.
Termina la filmación y, mientras todos aplauden, camino hacia el patio donde está estacionado el camión de vestuarios. Dos falores enormes iluminan la grava que anuncian cada uno de mis pasos. Sin llamar, abro la puerta y subo. Todo está oscuro salvo por el rectángulo de luz amarilla que apunta hacia la vestuarista. Desnuda, sentada en uno de los sillones, me mira mientras no deja de masturbarse. Todavía con el picaporte en la mano, me disculpo, quiero retroceder y cerrar la puerta pero me quedo inmóvil. Su respiración se hace más fuerte. Dejo la ropa en el piso, desabotono el pantalón y bajo la bragueta, pero ni siquiera logro una erección. Ella me mira sin parpadear, sus piernas se mueven una contra la otra y su mano se mueve entre ellas. Vuelvo a tocarme pero nada. Me agarro con fuerza hasta que el dolor me quita el aire. Disfruta del orgasmo en silencio y por un momento, agradezco estos segundos, esconde sus ojos marrones. ¿Qué necesitás?, dice al fin. Vengo a devolver la ropa, me apuro a decir. Dejala ahí, señala con la misma mano que hace unos segundos acariciaba su clítoris. ¿Tomamos un café?, me oigo decir. Estúpido. Sos tan estúpido. ¿Cómo es posible que alguna vez un tipo se haya levantado una mina? Somos tan pelotudos que parece algo imposible. Ella sonríe. Ella. Sonríe. No, dice. Claro, digo y vuelvo a subirme el pantalón. Cuando retrocedo siento la torpeza de mis pasos, como si estuvieran a destiempo de alguna danza. Me alejo del camión, tengo que esforzarme para no mirar atrás.
Wednesday, March 29, 2006
Talkin `bout the revolution, de Tracy Chapman. Tema adecuado para lo que estuve pensando esta mañana. Hoy se abrió una ventanita hacia la tristeza, una pequeña grieta en mi felicidad. Como no hacía en mucho tiempo, intenté agrandar esa grieta en busca de entenderme un poco más. Traté de lllorar. Pero la muy puta se cerró.
¿cap 17?
Mini flashback. Todavía no sé si voy a dejar que el tipo se quede derrotado después de que la vestuarista le echa fly. Pero esto iría después de esa escena.
El primer momento de mi vida, el primero que recuerdo, nació en jardín de infantes. Todas las mañanas tiraba del brazo de mi abuela para volver a su casa, donde mis viejos me dejaban cada mañana. Pero mi abuela era fuerte, al menos mucho más fuerte que un chico de pocos años. Aquel día seguro jugué con las cosas que los demás no querían y miré de lejos camiones y rastings. Claro que todo esto se construye alrededor de un sólo hecho que quedó marcado como pisada en cemento fresco. Huella que a veces se llena con agua de lluvia, fresca y cristalina, que me hace reír y, otras veces, con agua de cloaca. Recuerdo el dolor, mis brazos cruzados sobre el estómago hinchado. No lloraba, sólo cerraba con fuerza los párpados. Mi maestra preguntaba si estaba bien y yo negaba con la cabeza pero no podía hablar. Todavía no sé por qué no dije nada. Mis compañeros, curiosos, dejaban sus juguetes para mirarme. Me puse en cuclillas y me quedé así. Varios minutos con la atención de todos sobre mi cara de dolor. Hasta que me cagué encima. Algo que seguro los demás chicos oyeron.
Mini flashback. Todavía no sé si voy a dejar que el tipo se quede derrotado después de que la vestuarista le echa fly. Pero esto iría después de esa escena.
El primer momento de mi vida, el primero que recuerdo, nació en jardín de infantes. Todas las mañanas tiraba del brazo de mi abuela para volver a su casa, donde mis viejos me dejaban cada mañana. Pero mi abuela era fuerte, al menos mucho más fuerte que un chico de pocos años. Aquel día seguro jugué con las cosas que los demás no querían y miré de lejos camiones y rastings. Claro que todo esto se construye alrededor de un sólo hecho que quedó marcado como pisada en cemento fresco. Huella que a veces se llena con agua de lluvia, fresca y cristalina, que me hace reír y, otras veces, con agua de cloaca. Recuerdo el dolor, mis brazos cruzados sobre el estómago hinchado. No lloraba, sólo cerraba con fuerza los párpados. Mi maestra preguntaba si estaba bien y yo negaba con la cabeza pero no podía hablar. Todavía no sé por qué no dije nada. Mis compañeros, curiosos, dejaban sus juguetes para mirarme. Me puse en cuclillas y me quedé así. Varios minutos con la atención de todos sobre mi cara de dolor. Hasta que me cagué encima. Algo que seguro los demás chicos oyeron.
Tuesday, March 28, 2006
No puedo resistirme. Juro que lo intenté pero es más fuerte que yo. De ahora en más voy a subir música matosa (música que podría gustarle a Mata, dice el DRAE, Edición Extra Limitada). Así van a poder disfrutar de la música que yo escucho cuando escribo.
Ahora les traigo Pastime Paradise, de Stevie Wonder, un negro maravilloso que, por ciego tal vez, no lo sé, decenas de artistas le han robado ideas, pasajes y temas enteros. Le hicieron muchos homenajes, por decirlo de una forma más diplomática. Por ejemplo, de esta versión original, después de una década pusieron a unos negros raperos a cantarla y no le cambiaron nada para hacer la música de Dangerous Minds.
Ahora les traigo Pastime Paradise, de Stevie Wonder, un negro maravilloso que, por ciego tal vez, no lo sé, decenas de artistas le han robado ideas, pasajes y temas enteros. Le hicieron muchos homenajes, por decirlo de una forma más diplomática. Por ejemplo, de esta versión original, después de una década pusieron a unos negros raperos a cantarla y no le cambiaron nada para hacer la música de Dangerous Minds.
Monday, March 27, 2006
¿cap 17?
Disculpen el desorden. Final de filmación de la publicidad de chocolates.
Termina la filmación y, mientras todos aplauden, camino hacia el patio donde está estacionado el camión de vestuarios. Sin llamar, abro la puerta y subo. Todo está oscuro salvo por el rectángulo de luz amarilla que apunta hacia la vestuarista. Desnuda, sentada en uno de los sillones, me mira mientras no deja de masturbarse. Todavía con el picaporte en la mano, me disculpo, quiero retroceder dos pasos y cerrar la puerta pero me quedo inmóvil. Disfruta del orgasmo en silencio y por unos segundos esconde tras sus párpados aquellos ojos marrones. Mi respiración suena más fuerte que nunca. ¿Qué necesitás?, dice al fin. Vengo a devolver la ropa, me apuro a decir. Dejala ahí, señala con la misma mano que hace unos segundos acariciaba su clítoris. ¿Tomamos un café?, me oigo decir. Estúpido. Sos tan estúpido. ¿Cómo es posible que alguna vez un tipo se haya levantado una mina? Somos tan pelotudos que parece algo imposible. Debe ser por lástima. Ella sonríe. Ella. Sonríe. No, dice. Claro, digo y dejo la ropa en el piso. Cuando retrocedo los tres pasos siento la torpeza de mis piernas, como si estuvieran a destiempo de alguna danza. Me alejo del camión, tengo que esforzarme para no mirar hacia atrás.
Disculpen el desorden. Final de filmación de la publicidad de chocolates.
Termina la filmación y, mientras todos aplauden, camino hacia el patio donde está estacionado el camión de vestuarios. Sin llamar, abro la puerta y subo. Todo está oscuro salvo por el rectángulo de luz amarilla que apunta hacia la vestuarista. Desnuda, sentada en uno de los sillones, me mira mientras no deja de masturbarse. Todavía con el picaporte en la mano, me disculpo, quiero retroceder dos pasos y cerrar la puerta pero me quedo inmóvil. Disfruta del orgasmo en silencio y por unos segundos esconde tras sus párpados aquellos ojos marrones. Mi respiración suena más fuerte que nunca. ¿Qué necesitás?, dice al fin. Vengo a devolver la ropa, me apuro a decir. Dejala ahí, señala con la misma mano que hace unos segundos acariciaba su clítoris. ¿Tomamos un café?, me oigo decir. Estúpido. Sos tan estúpido. ¿Cómo es posible que alguna vez un tipo se haya levantado una mina? Somos tan pelotudos que parece algo imposible. Debe ser por lástima. Ella sonríe. Ella. Sonríe. No, dice. Claro, digo y dejo la ropa en el piso. Cuando retrocedo los tres pasos siento la torpeza de mis piernas, como si estuvieran a destiempo de alguna danza. Me alejo del camión, tengo que esforzarme para no mirar hacia atrás.
Sunday, March 26, 2006
Saturday, March 25, 2006
Ya tengo asumido que este blog, además de cuidar de una novela en crecimiento, también va a ser mi diario, el diario que nunca tuve. Ahora me doy cuenta de que caí en lo que no quería caer. Y no me parece mal.
Ayer, quien sería Andrea se quedó a dormir en casa. Vino a visitarme pero en el camino se enfermó. La chabona llegó, se acostó y no podía levantarse de la cama. Se hizo de noche y se sentía mal como para volver a su casa. Dormimos en el mismo cuarto. Estaba contento de que se quedara a dormir y más contento de despertarme con ella. También me gustó cocinar, hacerle té y café, buscar bayaspirina c en el quiosco de la otra cuadra. Cuidarla, digamos. A la mañana, desayunamos, charlamos un poco y se fue. No cogimos. Claro que si se hubiese dado el caso, participaba feliz de la vida. No se dio, no lo busqué y está más que bien que haya sido así.
Voy a poner una escena exatamente igual en la novela. Después que el tipo ya ni piense en Andrea, la chabona va a aparecer. El tipo va a pensar bocha de cosas pero al final le va a pasar lo que me pasó a mí. Y va a sentir que eso es lo más real que podía pasar.
Ayer, quien sería Andrea se quedó a dormir en casa. Vino a visitarme pero en el camino se enfermó. La chabona llegó, se acostó y no podía levantarse de la cama. Se hizo de noche y se sentía mal como para volver a su casa. Dormimos en el mismo cuarto. Estaba contento de que se quedara a dormir y más contento de despertarme con ella. También me gustó cocinar, hacerle té y café, buscar bayaspirina c en el quiosco de la otra cuadra. Cuidarla, digamos. A la mañana, desayunamos, charlamos un poco y se fue. No cogimos. Claro que si se hubiese dado el caso, participaba feliz de la vida. No se dio, no lo busqué y está más que bien que haya sido así.
Voy a poner una escena exatamente igual en la novela. Después que el tipo ya ni piense en Andrea, la chabona va a aparecer. El tipo va a pensar bocha de cosas pero al final le va a pasar lo que me pasó a mí. Y va a sentir que eso es lo más real que podía pasar.
Gaijin empieza a estar disponible en la net pa quien quiera leerlo en www.gaijinreloaded.blogspot.com Espero lo disfruten.
Thursday, March 23, 2006
¿cap 4?
Mini flashback. Creo que va a ir al final del cap 4. Todavía no decidí si queda éste u otro acerca de la primera vez que le da un beso a Andrea.
En la casa de mis viejos, acostado en la cama, miraba el póster de un auto rojo. Nunca voy a darle un beso a nadie, pensaba. Era una certeza que iba más allá del dolor y la soledad. Era un miedo cercano a la humillación. En la ventana, las hojas del árbol parecían acercarse para escuchar mejor. Ya tenía quince años y nunca había dado siquiera un pico. Así de lejos estaba de pensar coger con alguien. Claro que por esa época, aunque no estaba en mi momento de mayor desempeño, todavía era capaz de masturbarme todos los días, cada vez que estaba aburrido. Con algo de esfuerzo, moví los brazos que estaban cruzados debajo de mi cabeza. Al principio, apenas los sentía pero con el correr de los segundos un cosquilleo que nació en mi espalda bajó hasta las manos. Mis amigos ya tenían parejas con las que se encontraban en los recreos para transar (así se decía entonces, ¿cómo se dice ahora? ¿chapar?). Después de las vacaciones voy a tener dieciséis, pensaba y no lograba verme en la situación de besar a nadie, ni siquiera en diez años. Era algo imposible de cambiar. Voy a tener veinticinco y voy a seguir igual, me díje y fue extraño escuchar mi propia confesión. Por unos segundos tuve miedo de que alguien me hubiese escuchado. Giré para quedar de lado, la pared a pocos centímetros. Respiré profundo varias veces, el aire salía con fuerza por la nariz. Me levanté, puse música y volví a acostarme, esta vez boca abajo. Apreté la almohada contra mi cara y grité lo más fuerte que pude, hasta quedarme sin aliento. Respiré y grité otra vez.
Mini flashback. Creo que va a ir al final del cap 4. Todavía no decidí si queda éste u otro acerca de la primera vez que le da un beso a Andrea.
En la casa de mis viejos, acostado en la cama, miraba el póster de un auto rojo. Nunca voy a darle un beso a nadie, pensaba. Era una certeza que iba más allá del dolor y la soledad. Era un miedo cercano a la humillación. En la ventana, las hojas del árbol parecían acercarse para escuchar mejor. Ya tenía quince años y nunca había dado siquiera un pico. Así de lejos estaba de pensar coger con alguien. Claro que por esa época, aunque no estaba en mi momento de mayor desempeño, todavía era capaz de masturbarme todos los días, cada vez que estaba aburrido. Con algo de esfuerzo, moví los brazos que estaban cruzados debajo de mi cabeza. Al principio, apenas los sentía pero con el correr de los segundos un cosquilleo que nació en mi espalda bajó hasta las manos. Mis amigos ya tenían parejas con las que se encontraban en los recreos para transar (así se decía entonces, ¿cómo se dice ahora? ¿chapar?). Después de las vacaciones voy a tener dieciséis, pensaba y no lograba verme en la situación de besar a nadie, ni siquiera en diez años. Era algo imposible de cambiar. Voy a tener veinticinco y voy a seguir igual, me díje y fue extraño escuchar mi propia confesión. Por unos segundos tuve miedo de que alguien me hubiese escuchado. Giré para quedar de lado, la pared a pocos centímetros. Respiré profundo varias veces, el aire salía con fuerza por la nariz. Me levanté, puse música y volví a acostarme, esta vez boca abajo. Apreté la almohada contra mi cara y grité lo más fuerte que pude, hasta quedarme sin aliento. Respiré y grité otra vez.
¿cap 4? Continuación.
Esto es una parte de lo que escribí y se me perdió. Claro que no es tan maravilloso como la irrecuperable primera versión pero vamos a tener que conformarnos.
Yo lo disfruto más que vos, dice. A mí me gusta más. La puta me sonríe y no puedo decir otra cosa que está bien, llevatelo. Después, cuando me mude a un departamento, nos fijamos qué hacer con el resto de las cosas, dice. ¿Estás bien? Sí, bien, digo. Quiero empujarla. Sacudirla. Hacerla caer al piso. Quiero darle un beso. Quiero tocarla. Pasar la mano por su espalda, por su cuello. Respirar su aire, ese aire que la rodea, que siempre es más sabroso que el resto del mundo. Tomemos unos mates, digo. Mejor no, dice ella. Puta. Sí, digo, mejor no. ¿Te uso el teléfono?, es la pregunta más extraña que me hayan hecho. A los pocos minutos tocan el timbre, el taxi espera en la calle. Un abrazo que aprovecho para tomar la última bocanada de aire antes de hundirme en mí mismo.
De pie en el medio del comedor, miro la puerta que acaba de cerrarse. La imagen de Andrea con una caja en sus brazos persiste en el mismo lugar que ese trozo de madera. Aunque espero que sea la puerta la que se desvanezca, Andrea se va con el sonido del ascensor. A través de la ventana abierta, el sonido de un colectivo que resopla mientras cruza la calle. Estoy soltero, me digo y sólo mi boca sonríe mientras no logro que el resto de la cara la acompañe. Tomemos una cerveza. Camino hasta la cocina, abro la heladera y miro aquellos estantes iluminados de blanco. Ya no recuerdo qué vine a buscar. Cierro la heladera. Descorcho un vino y elijo una copa. Tengamos todas copas distintas, propuso Andrea. Sonreía mientras se mordía el labio de abajo. En el comedor, me siento en el piso. Mientras aquella densidad rojiza trepa por la copa, de la botella surgen sonidos de pequeños tragos, como si fuera ella la que tomara sorbos del resto del universo. Hago girar el vino sin que se vuelque, cada vez más cerca del borde de la copa. Bebo un poco, me empujo hacia atrás con las piernas hasta que logro apoyar la espalda contra la pared. Me olvidé la botella. Con el pie, la arrastro despacio. Se tambalea un par de veces pero al fin llega intacta a mis manos. Termino la copa y vuelvo a servirme, esta vez la botella no hace ningún ruido. Hay cosas que sólo suceden una vez.
Esto es una parte de lo que escribí y se me perdió. Claro que no es tan maravilloso como la irrecuperable primera versión pero vamos a tener que conformarnos.
Yo lo disfruto más que vos, dice. A mí me gusta más. La puta me sonríe y no puedo decir otra cosa que está bien, llevatelo. Después, cuando me mude a un departamento, nos fijamos qué hacer con el resto de las cosas, dice. ¿Estás bien? Sí, bien, digo. Quiero empujarla. Sacudirla. Hacerla caer al piso. Quiero darle un beso. Quiero tocarla. Pasar la mano por su espalda, por su cuello. Respirar su aire, ese aire que la rodea, que siempre es más sabroso que el resto del mundo. Tomemos unos mates, digo. Mejor no, dice ella. Puta. Sí, digo, mejor no. ¿Te uso el teléfono?, es la pregunta más extraña que me hayan hecho. A los pocos minutos tocan el timbre, el taxi espera en la calle. Un abrazo que aprovecho para tomar la última bocanada de aire antes de hundirme en mí mismo.
De pie en el medio del comedor, miro la puerta que acaba de cerrarse. La imagen de Andrea con una caja en sus brazos persiste en el mismo lugar que ese trozo de madera. Aunque espero que sea la puerta la que se desvanezca, Andrea se va con el sonido del ascensor. A través de la ventana abierta, el sonido de un colectivo que resopla mientras cruza la calle. Estoy soltero, me digo y sólo mi boca sonríe mientras no logro que el resto de la cara la acompañe. Tomemos una cerveza. Camino hasta la cocina, abro la heladera y miro aquellos estantes iluminados de blanco. Ya no recuerdo qué vine a buscar. Cierro la heladera. Descorcho un vino y elijo una copa. Tengamos todas copas distintas, propuso Andrea. Sonreía mientras se mordía el labio de abajo. En el comedor, me siento en el piso. Mientras aquella densidad rojiza trepa por la copa, de la botella surgen sonidos de pequeños tragos, como si fuera ella la que tomara sorbos del resto del universo. Hago girar el vino sin que se vuelque, cada vez más cerca del borde de la copa. Bebo un poco, me empujo hacia atrás con las piernas hasta que logro apoyar la espalda contra la pared. Me olvidé la botella. Con el pie, la arrastro despacio. Se tambalea un par de veces pero al fin llega intacta a mis manos. Termino la copa y vuelvo a servirme, esta vez la botella no hace ningún ruido. Hay cosas que sólo suceden una vez.
Tengo una amiga que canta mal. Un amigo músico quería grabar un tema con ella. Cualquier persona puede cantar bien, dijo, sólo es cuestión de encontrar el tema indicado. Me encantó. Y creo que puede aplicarse a la literatura. Yo creo que cualquier persona puede escribir, sólo se trata de encontrar la historia indicada. Y esa historia va a ser, perdón que insista, la que lo acerque más a su ser humano.
Wednesday, March 22, 2006

Ayer, en un libro, leí una hermosa definición de la fotografía: usar la mentira para contar la verdad. Me pareció tan simple y profunda que decidí plagiarla. De ahora en más, ésa es mi definición de arte. El arte es usar una mentira para contar una verdad. Genial. Claro que después de algunas copas de vino mi cerebro no se conformó con quedarse con algo así de hermoso. Para mi defensa, abrí la (más tarde serían las) botella de vino para escribir una escena de esta historia que en las próximas horas subiré al blog. Ahora comprendo que el problema con la verdad es que tenemos una sola palabra para más de un significado. La verdad como oposición a decir una mentira me parece ñoña. Esa verdad no tiene ningún valor por sí mismo. Pero existe, entre otras, una verdad que no se dice sino que se siente. Es una sensación y un sentimiento. Algo que a veces se cuenta con mentiras, a veces se dice con toda la crudeza que podemos juntar, a veces no se cuenta, se oculta. La verdad, en su significado más profundo, es ese algo que nos hace humanos.
Saturday, March 18, 2006

Sábado, casi medianoche. Qué groso que es Stevie Wonder. Muy groso. Entre miles de temas ñoños y bastante balardas, se encuentran varias perlitas. Ahora estoy en la búsqueda de todas las versiones de Pastime Paradise. Temaso. Mal. Se zarpa.
Mientras disfruto de la onda de este negro, les cuento lo que se me ocurrio hoy para la novela. El protagonista, ya bastante metido en el océano de mierda, de miserias humanas, se le da por entrar en edificios y casas. Así, sin más. No puede parar de pensar en todas las otras existencias que lo rodean y le parece extraño no estar conectado de alguna manera con ellas. Así que empieza a entrar en los edificios de oficinas del centro, cerca de su trabajo. Sube a las terrazas y mira la ciudad que cambia cada vez, hay una ciudad distinta para cada edificio. Después entra en edificios de departamentos, donde saluda a todos los que ve. Ahí se le pega esto de saludar a la gente. Después decide probar en los barrios y las casas. Claro que esto termina en violencia y algunas costillas rotas. Pero a través de esta búsqueda siente que en realidad existe una conexión, que en realidad todos somos una sola existencia. Que los individuos son otra invención, otra forma de satisfacer el egoísmo.
Espero descubrir qué descubre el tipo.
Friday, March 17, 2006
Hace poco, menos de un año, me di cuenta de que, para mí, la mejor forma de escribir es salir a la caza de miedos, broncas y alegrías. Pero sobre todo, miedos. Si escribo y siento ese cosquilleo frío que trae el miedo sé que tengo que seguir por ahí. Miedo a mis propias miserias, miedo a ser mala persona, persona perversa. Sé que eso es lo que más pronfundo se guarda en el alma y por lo tanto lo más enriquecedor para el arte. Antes de este descubrimiento había escrito cosas así; sin saberlo, había atrapado miedos que cuando quedaron en letras minúsculas parecían más que nada una buena broma. Porque los miedos son cagones. Los miedos se creen fuertes mientras uno les escapa, pero una vez que les hacés frente se van para atrás. Y en la ficción puedo ser todo lo valiente que quiera. Me dí cuenta de que, más que nada, son las miserias las que nos hacen más humanos. Una persona es sus acciones, pero detrás de esas acciones hay múltiples decisiones que debieron tomarse y, lo más importante, infinitas opciones que se dejaron de lado. Por miedo, por ética, porque se tenía ganas de hacer eso, por inercia, porque sí, decidimos lo que nos va formando como personas mientras todas los caminos que no tomamos quedan escondidos en algún lugar, ahí en el fondo de todo. Con algo de suerte, son las miserias las que quedan escondidas. Y para uno mismo, lo que quedó escondido tiene tanto peso como lo que salió a la luz en las acciones. Esa contradicción es maravillosa, es tan humana que dan ganas de llorar. Si pudiera llorar. La oportunidad que me da la literatura si salgo en caza de las miserias es concretar en acciones esos caminos que no se tomaron, y sin consecuencias reales. Si uno escribe acerca de un tipo que es un hijo de puta, que hace todas esas cosas que no hicimos porque estaban mal, la gente no deja de querernos. En la misma época que descubrí esto también comprendí que escribo para que la gente me quiera.
Thursday, March 16, 2006

¿cap 4?
Por debajo de la puerta del departamento, la luz se entrecorta con pasos que recorren de lado a lado el comedor. Abro la puerta. Andrea me mira mientras deja caer ropa en una caja de cartón enorme. El abrazo me llena desde adentro. Su perfume, la suavidad de su pelo, el calor de su piel y ella. Hola, me dice al oído. Hola, digo mientras me aparto y doy un paso hacia atrás. Vine a buscar mis cosas, en un intento por no llorar se apura a terminar las palabras. Me siento en la silla de la computadora y la miro en silencio. Cuando va al cuarto en busca de más cosas, su pelo brilla con luz rojiza. Cinco minutos de creer que Andrea brilla con luz propia hasta que comprendo que el atardecer que se abre paso por entre los edificios llega hasta nuestro comedor. El sol se muestra en ese punto sólo unas veces al año. El resto de los días uno puede ver el cielo rojizo pero debe suponer que el sol existe detrás de la ciudad. Confiar que es así hasta que uno ya no se pregunta qué es lo que existe y qué es lo que se supone. Andrea regresa con más ropa. Me llevo estos libros y otras cosas, dice. Llevate lo que quieras, digo y cruzo los brazos para no arrojarle las cosas que tengo sobre el escritorio. ¿Querés que venga otro día?, dice. Pensé que ibas a llegar más tarde. Tiene puesta la remera blanca que le regalé. ¿Por qué el regalo? Porque sí, porque te quiero. La usó pocas veces, le daba vergüenza que se le vieran las tetas. Parece que ya no le da vergüenza. No, mejor terminá ahora, digo y me levanto para encender la luz. Todo se ve tan oscuro como antes. Voy hasta la cocina y pongo a calentar agua. Abro y cierro las puertas de la alacena y de la heladera, pero ya no recuerdo qué era lo que quería. Ordeno los platos y cubiertos que descansan boca abajo sobre un repasador. El sonido de los pasos de Andrea que recorren el pasillo. En la cocina, sigo con la mirada los dibujos de los azulejos, lineas verdes que parecen enredaderas. Terminé, dice desde el comedor. Una caja enorme y un bolso guardan todas las cosas que Andrea se lleva de nuestra casa. Me quedo con el disco de Ella Fitzgerald, dice. Metételo en el culo, pienso. ¿Por qué te lo llevás? Es mío, me oigo decir. Yo lo disfruto más que vos, dice, a mí me gusta más. La puta me sonríe entre sus hoyuelos y no puedo decir otra cosa que está bien, llevatelo.
(antes de que Andrea se vaya, crece una tensión que parece ir para lo sexual pero al final no pasa nada)
He vuelto. Tengo internet y casa nueva. Me falta novia, pero todo no se puede. Avancé un poco más en escenas que son necesarias pero no tan interesantes. Espero no se aburran.
¿Cap3?
Bajo del colectivo y camino dos cuadras hasta la oficina. El portero me saluda. Subo en ascensor hasta el noveno piso. Abro las puertas. Detrás del mostrador, Luciana me sonríe. Colgado a su espalda un cuadro en el que sólo puedo distinguir una mujer que parece apoyada en una barra. Claro que nadie más debe ver a aquella mujer entre todos esos verdes, marrones y rojos. Buen día, dice. ¿Cómo estuvo tu fin de semana? Qué te importa, pienso mientras firmo en una planilla mi entrada. Nunca me fijo la hora para poner mi firma y 10:58 AM en esos dos rectángulos. Luciana me mira como si la hubiese insultado. Tal vez lo hice. Empujo con fuerza la puerta de vidrio que se abre despacio, como si pesara varias toneladas. Sobre el alfombrado verde oscuro, mis pasos apenas se oyen. Buen día, dice Cristina, mi jefa, que me dedica media mirada. Tiene ojos azules y oscuros, del fondo de algún océano. Cuando te habla, el ojo derecho se pierde más allá de la conversación, en algún punto detrás de tu espalda. Buen día, digo y giro para saber dónde se fija la otra mitad de mirada: el culo de Luciana, que no está mal pero tampoco es para tanto. Llegaron Instrucciones de Amor y el horóscopo, dice. ¿Estás bien?, una mitad de ella parece en realidad preocupada. Sí, bien.
Cuando llegué hace un año a este lugar y me senté frente a Cristina me ofrecieron un trabajo que ni siquiera sospechaba que existía. La empresa, Denmark S.A., se dedicaba a vender productos informáticos para celulares a otras empresas que a su vez los vendían a los usuarios. Ahora querían abrir su propia empresa que tuviera contacto con el usuario: Clack, eligieron llamarla. Mi función en Clack, su único empleado además de Cristina que sólo le dedicaba parte de su atención, era probar los juegos y asegurarme de que no tuvieran ningún error, traducir horóscopos que llegaban de Estados Unidos en menos de 150 caracteres, escribir los textos de las fotos porno y, en el último tiempo, escribir una historía erótica. Cada viernes debía enviar el trabajo de toda la semana a la gente de Denmark, que se encargaba del resto. Al principio cumplía un horario de oficina, con el correr de los meses podía hacer el trabajo en la mitad del tiempo. Cristina me propuso venir tres días a la semana sin cambiarme el sueldo, la única condición era que el trabajo tenía que estar todos los jueves en su casilla de correo.
Celeste, mi conexión con Denmark aparte de Cristina, se acerca para saludarme. Blusa blanca y pollera negra. Inmóvil en su silla o de pie es una chica más, incluso algo fea. Pero cuando camina, y más cuando camina hacia uno, gana una sensualidad de caderas que se balancean, espalda erguida, brazos que acompañan el movimiento y pasos seguros sobre tacos negros. Nos damos un beso en la mejilla y le doy un abrazo. Una pequeña resistencia por la sorpresa y palmaditas en mi espalda para salir de una situación incómoda. Me sonríe y se aleja apurada. ¿Por qué no saludo a todos con un abrazo? Camino a mi escritorio me cruzo con uno de los programadores de Denmark. Tipo alto y flaco, anteojos y traje que le queda demasiado grande. Me saluda por mi nombre. Yo ni siquiera recuerdo el suyo pero lo abrazo para saludarlo. Me devuelve el abrazo. Siento algo de su peso en mis hombros, como si él hubiese esperado largo tiempo ese momento. Me alejo y decido que mejor me quedo con el beso en la mejilla y el estrechar la mano.
Para sentarme frente a mi escritorio tengo rodear un planta de hojas grandes, la única de todo el piso. Agacho la cabeza para evitar los estantes que cuelgan con decenas de cajas llenas de papeles. Después de sentarme, para evitar tirar de algún cable mis piernas deben permanecer inmóviles. En el escritorio sólo entran el monitor de pantalla plana, el mouse y el teclado. Antes me servía una taza de café, pero no era tan bueno como para compensar las veces que se me había caído al piso, muy cerca de donde se conectaban todos los enchufes. En una esquina del escritorio, una lámpara que compré en un negocios de ofertas, ilumina mi rincón. Cuando me olvido de encenderla o no estoy de humor para esa luz amarillenta, las personas que no saben aún de la existencia de Clack pasan frente a mí sin siquiera darse cuenta. Cuando los hacen esperar a pocos metros de mi escritorio, miro cómo se arreglan la ropa, se peinan o se suben la bragueta del pantalón. Una vez vi a una mujer desabrocharse el pantalón, meter su mano por la parte de atrás, rascarse el culo, acomodarse la bombacha y volver a cerrar todo.
(faltan un par de escenas del trabajo en sí, de cómo traduce y escribe, y la relación con sus compañeros de trabajo)
¿Cap3?
Bajo del colectivo y camino dos cuadras hasta la oficina. El portero me saluda. Subo en ascensor hasta el noveno piso. Abro las puertas. Detrás del mostrador, Luciana me sonríe. Colgado a su espalda un cuadro en el que sólo puedo distinguir una mujer que parece apoyada en una barra. Claro que nadie más debe ver a aquella mujer entre todos esos verdes, marrones y rojos. Buen día, dice. ¿Cómo estuvo tu fin de semana? Qué te importa, pienso mientras firmo en una planilla mi entrada. Nunca me fijo la hora para poner mi firma y 10:58 AM en esos dos rectángulos. Luciana me mira como si la hubiese insultado. Tal vez lo hice. Empujo con fuerza la puerta de vidrio que se abre despacio, como si pesara varias toneladas. Sobre el alfombrado verde oscuro, mis pasos apenas se oyen. Buen día, dice Cristina, mi jefa, que me dedica media mirada. Tiene ojos azules y oscuros, del fondo de algún océano. Cuando te habla, el ojo derecho se pierde más allá de la conversación, en algún punto detrás de tu espalda. Buen día, digo y giro para saber dónde se fija la otra mitad de mirada: el culo de Luciana, que no está mal pero tampoco es para tanto. Llegaron Instrucciones de Amor y el horóscopo, dice. ¿Estás bien?, una mitad de ella parece en realidad preocupada. Sí, bien.
Cuando llegué hace un año a este lugar y me senté frente a Cristina me ofrecieron un trabajo que ni siquiera sospechaba que existía. La empresa, Denmark S.A., se dedicaba a vender productos informáticos para celulares a otras empresas que a su vez los vendían a los usuarios. Ahora querían abrir su propia empresa que tuviera contacto con el usuario: Clack, eligieron llamarla. Mi función en Clack, su único empleado además de Cristina que sólo le dedicaba parte de su atención, era probar los juegos y asegurarme de que no tuvieran ningún error, traducir horóscopos que llegaban de Estados Unidos en menos de 150 caracteres, escribir los textos de las fotos porno y, en el último tiempo, escribir una historía erótica. Cada viernes debía enviar el trabajo de toda la semana a la gente de Denmark, que se encargaba del resto. Al principio cumplía un horario de oficina, con el correr de los meses podía hacer el trabajo en la mitad del tiempo. Cristina me propuso venir tres días a la semana sin cambiarme el sueldo, la única condición era que el trabajo tenía que estar todos los jueves en su casilla de correo.
Celeste, mi conexión con Denmark aparte de Cristina, se acerca para saludarme. Blusa blanca y pollera negra. Inmóvil en su silla o de pie es una chica más, incluso algo fea. Pero cuando camina, y más cuando camina hacia uno, gana una sensualidad de caderas que se balancean, espalda erguida, brazos que acompañan el movimiento y pasos seguros sobre tacos negros. Nos damos un beso en la mejilla y le doy un abrazo. Una pequeña resistencia por la sorpresa y palmaditas en mi espalda para salir de una situación incómoda. Me sonríe y se aleja apurada. ¿Por qué no saludo a todos con un abrazo? Camino a mi escritorio me cruzo con uno de los programadores de Denmark. Tipo alto y flaco, anteojos y traje que le queda demasiado grande. Me saluda por mi nombre. Yo ni siquiera recuerdo el suyo pero lo abrazo para saludarlo. Me devuelve el abrazo. Siento algo de su peso en mis hombros, como si él hubiese esperado largo tiempo ese momento. Me alejo y decido que mejor me quedo con el beso en la mejilla y el estrechar la mano.
Para sentarme frente a mi escritorio tengo rodear un planta de hojas grandes, la única de todo el piso. Agacho la cabeza para evitar los estantes que cuelgan con decenas de cajas llenas de papeles. Después de sentarme, para evitar tirar de algún cable mis piernas deben permanecer inmóviles. En el escritorio sólo entran el monitor de pantalla plana, el mouse y el teclado. Antes me servía una taza de café, pero no era tan bueno como para compensar las veces que se me había caído al piso, muy cerca de donde se conectaban todos los enchufes. En una esquina del escritorio, una lámpara que compré en un negocios de ofertas, ilumina mi rincón. Cuando me olvido de encenderla o no estoy de humor para esa luz amarillenta, las personas que no saben aún de la existencia de Clack pasan frente a mí sin siquiera darse cuenta. Cuando los hacen esperar a pocos metros de mi escritorio, miro cómo se arreglan la ropa, se peinan o se suben la bragueta del pantalón. Una vez vi a una mujer desabrocharse el pantalón, meter su mano por la parte de atrás, rascarse el culo, acomodarse la bombacha y volver a cerrar todo.
(faltan un par de escenas del trabajo en sí, de cómo traduce y escribe, y la relación con sus compañeros de trabajo)
Tuesday, March 07, 2006

Esto es más que nada para asegurarme de que el blog no se llene de telarañas y polvo. No escribí nada estos días porque todavía no mudé mi computadora a mi nueva casa. Y hasta el 16 no tengo internet. Así que tomé unas vacaciones en mis vacaciones.
Una cuestión que me persigue. En mis relatos hay pocos colores. Me gustan las descripciones de luz y de sombra, de los atardeceres. Pero la sensación de color es algo que no logro transmitir. Tengo que recordar trabajar en eso cuando me siente a trabajar.
Thursday, March 02, 2006

Disculpas por no subir nada estos días. Me estuve mudando, cosa que también afecta la producción literaria. Además, mi acceso a internet es ahora algo más limitado hasta que instale alguna banda chancha en mi nuevo depto.
No escribí nada pero tengo un pensamiento que me intriga. Estoy en persecución de una chica, que sé que no amo y que tampoco me voy a enamorar, y que es recíproco. Tampoco busco sexo. Créanme, no busco sexo en este caso. Cuando se da está todo más que bien, pero no es un objetivo. Una mujer inteligente y hermosa que no me despierta deseo sexual ni me enamora. Ya me había pasado antes pero lo raro es que ahora sé eso de antemano y de todas formas la busco. Trato de verla, de encontrarla. Mi mayor deseo es dormir con ella, despertar con ella. Abrazarnos a la noche. Y sé que no me pasa nada más allá de eso. Supongo que eso también es amistad, es cariño. Es la primera vez que siento el dormir con alguien como un acto amistoso.
Lo que queda para la novela es esta búsqueda. Tal vez el protagonista quiera con esto empujar un poco más allá el vacío. Me gusta eso para la historia, que el tipo vaya encontrando otras formas de relacionarse que nunca nadie nos contó que existían. Formas que pueden parecer vacías o sin objeto en este mundo que nos toca vivir, pero que son fundamentales.
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